La Comuna
José Ángel Solorio Martínez
Por segunda vez consecutiva el dirigente nacional del SNTE, Alfonso Cepeda Salas dejó vestida y alborotada a la dirigencia de la Sección XXX de Tamaulipas. Plantada hace dos semanas, los profesores se pulieron esta vez: miles de educadores movilizados de todos los municipios del estado, pancartas, porras, grande entusiasmo.
Fue infructuoso el esfuerzo de los profesores.
Brotó la frustración y el enojo.
Se calcula en cinco mil los asistentes más los que se quedaron afuera por lo abarrotado del Polyforum de ciudad Victoria.
(Luego de que las bases se enteraran del desplante de su dirigente nacional, buena parte de la asistencia decidió abandonar -con enfado- el que pretendió ser festivo acto).
Los líderes mostraron su verdadero rostro autoritario, excluyente y vengativo. Impidieron la entrada al aspirante a la conducción de la sección, Abelardo Ibarra. El matamorense no perdió el ánimo: hizo una improvisada rueda de prensa afuera del acto.
¿Qué interpretación debemos darle a la ausencia de Cepeda en un evento presumido y promovido por una entusiasta Sección XXX?
Primero: el desgaste de la confianza del CEN en los líderes de la sección tamaulipeca. Muy probablemente por el rosario de eventos que los involucran con corrupción y mal trato a los trabajadores de la educación.
En la superficie de la masa del profesorado todo es felicidad; buen trato del gobierno que les ha permitido coadministrar la SET; cientos de becas que sólo el sindicato maneja -con el consabido trato privilegiado a sus íntimos- y continuidad en la comercialización de plazas y ascensos en la estructura educativa.
En el fondo es diferente.
Existe un clamor generalizado de inconformidad que demandan un liderazgo más comprometido con los intereses de los maestros; no lo contrario: su comportamiento es de enemigo de los trabajadores. Cientos de educadores, se enfrentan a la vulneración de sus derechos, solos y sus abogados contra los excesos de la institución.
Segundo: evadir la celada de los representantes de la sección preparaban a Cepeda Salas. Más que una actitud genuflexa con el gobernador Américo Villarreal Anaya, era la búsqueda de la foto y la presunción de cercanía de Ulises Ruiz Pérez, con el Ejecutivo estatal y el titular del CEN del SNTE.
(Eso podría explicar la conducta mezquina y sectaria, al echar de patitas a la calle a Abelardo Ibarra).
El gigantesco desaire, dejó una víctima vapuleada -aparte del corazón roto de miles de mentores-: Ulises.
Se evaporó la estratagema.
No se sabe, en qué lugar haría más daño Ruiz Pérez: ponerlo al frente de grupo o dejarlo de candidato…