LOS HECHOS
POR José Inés Figueroa Vitela
La siempre perspicaz IA cuestiona si las advertencias del alto mando morenista para sus
aspirantes “¿son reglas para ordenar la competencia… o instrumentos selectivos para
disciplinar aspirantes incómodos?”
Y otra más: “¿quién garantiza que se apliquen por igual en todos los estados, incluidos los
bastiones donde el partido gobierna sin contrapesos?”
Yo creo que esa es la prerrogativa del liderazgo político actuante, así en el plano nacional,
personificado por la Presidenta CLAUDIA SHEINBAUM PARDO, como en el Estado, por el
Gobernador AMÉRICO VILLARREAL ANAYA.
Entre todos los acuerdos, pasados por el Consejo Nacional partidista, destacan las
condicionantes asociadas a la lealtad y disciplina de los presuntos aspirantes.
Expresamente, fue proscrita la “guerra sucia” interna; se prohíben ataques entre compañeros
del mismo movimiento. “La dirigencia insiste en la unidad, aunque las fracturas locales suelen
contradecir el discurso”, reza la sentencia virtual.
La advertencia institucional no obstante, resulta puntal, cuando en la agenda de los
“operadores” que administran las aspiraciones de quienes tienen con qué pagarles, o
financiadores que lo hagan por ellos y ellas, este es precisamente el momento de entrar en la
descalificación de los eventuales adversarios.
Recién escuchamos el reclamo de la Senadora OLGA PATRICIA SOSA RUIZ, al reportero que
estruendosamente la inquiría, presumiendo se tratara de una acción provocadora maquinada e
inducida por otra aspirante.
En estos días se han dado visos de que subordinados de otras aspirantes, andan atacando a
quienes suponen sus contrincantes, en la carrera hacia las nominaciones morenistas, con la
loca idea de sacar ventaja desde ahorita, para las encuestas que han de darse hasta casi
dentro de un año.
Morena ha venido endureciendo sus reglas internas para quienes buscan una candidatura y no
es una cosa menor: intenta contener prácticas que durante años criticó de sus adversarios,
pero además, sacudirse de indeseables e infiltrados.
Entre las principales prohibiciones y lineamientos proclamados, además, destacan los actos
anticipados de campaña.
Los aspirantes no pueden promover su imagen antes de los tiempos legales -incluidos el pago
de espectaculares, bardas, eventos masivos o campañas disfrazadas y mensajes pagados en
redes sociales- con la narrativa oficial de evitar “adelantados”.
Los funcionarios interesados en contender, tienen prohibido utilizar programas sociales,
personal o presupuesto para posicionarse; igual está proscrita la promoción personalizada, la
propaganda con nombre, imagen o voz fuera de informes permitidos, el culto a la personalidad,
ni pueden recibir dinero de procedencia ilícita, o rebasar los topes internos.
Se rechaza la influencia de intereses económicos o políticos externos en la definición de
candidaturas, la violencia política y la conductas indebidas; los aspirantes con antecedentes de
violencia, corrupción o sanciones graves pueden ser excluidos mediante filtros internos.
Estructuralmente, MORENA surgió denunciando esas prácticas y hoy enfrenta el reto de no
reproducirlas desde el poder.
Además se encuentra sujeta al acoso de las oposiciones, incluidos los apartados extremos de
la derecha, que bordan en la delincuencia, buscando sembrar irregularidades para criticar y
justificar su idea de borrar la memoria de su errático paso por el gobierno, para regresar al
ejercicio del poder.
La práctica de las malas artes entre aspirantes, en consecuencia, es la renuncia anticipada a
participar en el proceso selectivo de los candidatos de MORENA.
¿Cuántos se irán antes de iniciar la competencia?
Veremos y diremos.