Dr. Adán Echeverría-García

El 25 de marzo de 2026 se llevó a cabo la entronización e instalación de Sarah Mullally como la 106.ª arzobispa de Canterbury, convirtiéndose en la primera mujer en liderar la Iglesia de Inglaterra y la Comunión Anglicana a nivel mundial. Ya desde el 4 febrero el rey Carlos III de Reino Unido, en una ceremonia desarrollada en el Palacio de Buckingham, en su calidad de Cabeza de la Comunidad Anglicana, y de la Iglesia de Inglaterra, recibió de Sarah Mullally el juramento de lealtad en que la nueva arzobispa reconoció formalmente al rey como Gobernador Supremo de la Iglesia de Inglaterra.

Debemos destacar que la Comunión Anglicana es la tercera comunión cristiana más grande del mundo, tras la Iglesia Católica y la Iglesia Ortodoxa, con poco más de 98 millones de feligreses. Es una afiliación de iglesias anglicanas en plena comunión con el arzobispo de Canterbury, que hoy ostenta la ex enfermera Sarah Mullaly, como parte de la Iglesia de Inglaterra que fuera fundada en 1534 por el rey Enrique VIII.

Su doctrina se define como protestante y reformada, muy cercana al cristianismo apostólico. En ella el monarca británico funge como la «Cabeza Suprema» (en lo administrativo) y el Arzobispo de Canterbury como líder espiritual, pero funciona como una federación de iglesias autónomas.

Mientras la Iglesia Católica reconoce 7 sacramentos necesarios para la salvación de las almas, en la Iglesia Anglicana se da prioridad al Bautismo y a la Eucaristía. Los otros 5 sacramentos se consideran apenas ritos religiosos, pero aceptan que no fueron establecidos por Cristo sino por acuerdos al interior de la institución ya como parte del imperio romano. Así mismo, los anglicanos no creen en la transubstanciación (ese suceso de cuando el pan y el vino se convierten literalmente en el cuerpo y la sangre de Cristo, al momento de la consagración en la misa). De la misma forma, los anglicanos respetan y reconocen a los santos y a la virgen madre de Jesús, y celebran sus festividades, pero no los consideran como intercesores ante dios, y por eso enfocan sus oraciones directamente en Cristo.

Recordemos que Enrique VIII rompió con la Iglesia católica en 1531, y se proclamó jefe supremo de la Iglesia de Inglaterra otorgándose todo el poder eclesiástico y administrativo e hizo a un lado el poder del Papa; por lo que en 1933 fue excomulgado. El rey no buscaba cambiar la doctrina teológica, sino eliminar la autoridad del Papa sobre los asuntos ingleses, y divorciarse de Catalina de Aragón, hija de los reyes católicos, tía de Carlos V, rey de España y Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, quien gobernaba entonces casi sobre toda Europa. Para 1534 la Iglesia de Inglaterra, la Comunidad anglicana, ya era una realidad.

Entre 1536 y 1540, tras la ruptura, el rey ordenó la disolución de los monasterios, confiscando sus bienes y tierras para la Corona. Esta situación enfrentó religiosamente a la familia Tudor por muchos años, entre herederos y herederas de Enrique VIII; destacando los reinados de la católica María Tudor (hija de Catalina de Aragón), su breve y violento gobierno; y de la anglicana Isabel (hija de Ana Bolena) quien reinó por 44 años y 127 días, la Era Isabelina, permitiendo que el mundo conociera a Shakespeare, su protegido.

El 3 de octubre de 2025, el rey Carlos III en calidad de Gobernador Supremo de la Iglesia de Inglaterra nombró a Sarah Mullally de 64 años como nueva arzobispa de Canterbury. Ella es una ex enfermera oncológica, tiene Maestría en Ciencias en estudios interprofesionales de salud y bienestar y una maestría en teología pastoral por la Universidad de Londres. Sarah declaró: “Respeto a aquellos que, por razones teológicas, no pueden aceptar mi rol como sacerdotisa u obispa. Creo que la diversidad en la Iglesia de Londres tiene que perdurar y crecer; todos deberían encontrar un hogar espiritual”.

Sin embargo, en la jerarquía de la iglesia católica la idea reformista de permitir a mujeres ejercer el sacerdocio sigue vedado; ¿cuántos años más tendrán que pasar para la evolución de su pensamiento? El oscurantismo machista se mantiene con firmeza.