Reflector/Gilda R. Terán.
Sin duda alguna, que hay seres humanos que, en su paso por este viaje de la tierra, dejan
huella inolvidable, de conceptos como la humildad, generosidad, empatía, en fin dejan al
descubierto un corazón rebosando en nobleza.
Y bueno cuentan que en los años dorados del hermoso puerto de Tampico, seria por 1930 al
50 y pico, que un gran hombre gigantón conocido como “Pepito el terrestre” hizo de su
vida un manantial de virtudes con los habitantes tampiqueños.
Tuvo ofertas de trabajo en un circo. No obstante, quienes lo conocieron afirman que
“Pepito el Terrestre” era un hombre noble y de buen corazón, fue conocido como el gigante
de Tampico, Tamaulipas.
Le comento que, José Calderón Torres, medía 2.30 metros, es recordado como uno de los
hombres más altos que han existido en México, nació en 1914 en la época de la
Revolución Mexicana; tuvo una infancia alegre y normal.
Pero cuando su papa murió, su mamá y él tuvieron que cambiarse de colonia y empezar
desde cero para salir adelante, Pepito, destacó por su gran amor a la vida y su notable
inteligencia.
Estudio en la escuela Gabino Barreda, pero sólo llegó al segundo año, ya que por ese
tiempo se hizo presente en su cuerpo la enfermedad llamada «gigantismo», este niño
empezó a crecer mucho algo que no era algo normal, quisieron reclutarlo para jugar
basquetbol, pero, tenía los pies planos.
Este padecimiento hormonal se caracteriza por la sobreproducción de la hormona del
crecimiento que secreta la glándula pituitaria, esto lo convirtió en un niño extremadamente
grande para su edad, no se saben los motivos precisos por los que abandonó la escuela, pero
debido a la condición antes mencionada, se fue a trabajar de cargador a los muelles para
ayudar al sustento familiar.
Ahí le decían Pepito, por su condición y comisión, pues hizo muchos amigos a los cuales
ayudaba con las faenas y estos lo veían como a un hermano pequeño por su nobleza, y poco
antes de los trece años su estatura era normal en apariencia, pero ya para los 18 medía 2
metros.
Fue un hombre apacible, respetuoso y sin complejos, amaba la vida y a sus semejantes, un
hombrón querido por quienes le trataban y para todos tenía una sonrisa. Su carácter
conquistó a sus amistades e incluso a quienes no trataba.
Se dice que era un joven cargador que llegó a soportar en su espalda hasta 160 kilos de
azúcar (4 bultos) pues era como si tuviera la fuerza de dos hombres, la mayoría de los
traslados los hacía a pie, pues no cabía en el camión y cuando se llegaba a subir, la gente se
compadecía de él y le cedía sus asientos para que se acomodara mejor.
En el cine pasaba lo mismo, tenía que ver la película parado, en las escaleras, o en la
primera fila para que sus piernas quedaran libres, su mamá, Victoria Torres, confeccionaba
su ropa y un viejo zapatero del mercado, las alpargatas que usaba y que se ajustaban mejor
a su pie plano.
Enfermó de tuberculosis (pleura) y se vio obligado a abandonar su trabajo en los
Terrestres., entonces se dedicó a trabajar en los mercados, a vender billetes de lotería y
como él decía: «a chacharear».
Pepito se desenvolvió como cargador de tierra. Además; estuvo en el Sindicato de
Terrestres de Tampico donde trabajó de alijador durante más de 15 años (1941-1956) y
obtuvo el mote que lo acompañó hasta su muerte: “El Terrestre”.
Hasta la próxima.
[email protected]