Opinión pública

Por Felipe Martínez Chávez
Cd. Victoria, Tamaulipas.- Dicen que el poder desgasta a los políticos
frente la imagen ciudadana. Sin embargo en Victoria capital, cuando
alcanza la mitad de su segundo trienio, el alcalde Eduardo Gattás Báez
sigue conservando el mismo nivel o anda más alto de cuando ingresó.
No son cifras artificiales, sino generadas por la consultora México Elige
en su resumen aprobación ciudadana de febrero de 2026.
Gattás se colocó en el lugar 18 del ranking de alcaldes de capitales
municipales mejor evaluados del país, con un 55.5 por ciento de aprobación
conforme al sondeo levantado entre los capitalinos.
Postulado por la 4T, las encuestas garantizan que, para el 2027 el
ayuntamiento volverá a ser guinda como resultado del trabajo en territorio,
mejora en servicios públicos, obra y programas sociales.
Dicen que en la función pública el cambio de colaboradores encierra un
mensaje, manda una señal y, en política, las señales nunca son inocentes.
Dos renuncias sacudieron este martes el gabinete de Américo Villarreal:
La de Vicente Joel Hernández, de Salud, y Francisco Cuéllar Cardona a
Comunicación Social.
Pertenecían al equipo original que arrancó en octubre del 2022 ¿el
motivo real de sus renuncias? Nunca sabremos pero se habla de grillas
internas, gente que quiere controlar todas las áreas del gobierno.
En los últimos sexenios, de Américo Villarreal Guerra, Cavazos Lerma,
Tomás Yarrington, Egidio Torre y hasta Cabeza de Vaca, nadie había
cambiado a su equipo de comunicación a mitad del camino. Es un tema
álgido y a veces espinoso.
Comunicación es el rostro, narrativa, dosificación y control del mensaje
del gobierno. Tocar el asunto implica que algo no estaba funcionando bien
¿vale correr el riesgo de no superar las fallas y quedar peor?.
El mismo martes se daba por hecho que el cargo sería ocupado por el
panameño Avider Villarreal, experto en mercadotecnia que ha trabajado en
centro y sudamérica, o bien por Gerardo Algarín, procedente de Nayarit.
Lo de Joel se veía venir. Lo de Cuéllar cayó más de sorpresa.
La primera dimisión que se hizo pública fue la de Vicente, a lo que
surgieron algunas preguntas ¿se le cansó el caballo? ¿lo agotó el ritmo de
su jefe? Es probable. Ya está entrado en años.
¿Futurismo político? No. Hace dos años algunos de sus amigos lo
hacían candidato a la alcaldía capitalina, por Morena. En nada quedó.
Desde Salud se puede hacer grilla. Sirvió de trampolín a Rodolfo Torre
Cantú para proyectarse al gobierno del Estado en 2010. No llegó por

circunstancias ya conocidas. Lo mataron. Había sido presidente del PRI,
diputado local y federal. Joel no fue jefe ni de seccional. Joel es técnico.
La versión afirma que, como en cualquier equipo, en el de AVA hay
golpes bajos y zancadillas.
Desde los tiempos de Cavazos Lerma cuando se fueron dos secretarios
al mismo tiempo, no se había dado un hecho de esta naturaleza.
Ahora bien ¿es positivo o negativo cambiar de equipo?. La praxis política
no recomienda renovar caballos a mitad del río. La curva de aprendizaje es
muy larga y estamos a un año de las elecciones locales y federales de
2027, con alcance en la renovación del gobierno en 2028.
No siempre cambiar es gobernar mejor. Pero un gobernador que mueve
las piezas del ajedrez, demuestra que no está atado a compromisos. La
clave estará en los resultados, de si eligió bien a los relevos.
Si el cambio en Salud se traduce en mejor atención, abasto de
medicamentos y funcionamiento hospitalario, el relevo habrá valido la pena.
Si en Comunicación se logra una narrativa más sólida, menos reactiva y
más estratégica, una mejor imagen al gobierno, el ajuste tendrá sentido.
Como todo reacomodo hay tensiones, interpretación de mensajes y
reconfiguración de equipos internos. La gran pregunta es si los cambios
serán buenos o malos, si la credibilidad hacia la administración aumentará
como se quiere.
Del equipo americanista original no son los primeros que se van y no
precisamente por la puerta de en frente, como es el caso de Adriana Lozano
Rodríguez, de quien se dijo su renuncia fue por afición a la ludopatía.
En la lista de renunciadas está Lucía Aimé Castillo Pastor, de
Educación, y no por eficiente o coincidir con las políticas del jefe. El cese
disfrazado de renuncia fue fulminante.
Verónica Aguirre de los Santos, secretaria de Bienestar, tuvo una salida
decorosa a la pobreza de su desempeño. Se fue a San Fernando.
Olga Sosa Ruiz, secretaria del Trabajo, se sacó la lotería: Se fue de
Senadora de la República sin tocar baranda.
Renunció Jesús Lavín Verástegui, no en medio de escándalos sino al
parecer por agotamiento físico. Pensionado por la UAT, quería retirarse.
De Seguridad Pública ni hablar. La posición tiene que alinearse con los
mandos nacionales del sector. Han desfilado Oscar Aparicio Avendaño,
Sergio Chávez García y Carlos Arturo Pancardo.
José Ramón Silva Arizavalo dejó la secretaría de Energía. Cambios en
Administración, en Desarrollo Rural al ser electo Dámaso Anaya Alvarado
como Rector de la UAT.
Igual se rumoraba la renuncia de Karina Saldívar Lartigue, titular de
SEDUMA, por deficiencias en su desempeño. Ha sido una oscura
funcionaria a la que no se le ve lado bueno.