Columna Opinión Económica y Financiera.

Dr. Jorge A. Lera Mejía.

La generación de empleo formal e informal ha sido uno de los principales retos para la economía mexicana y, en particular, para Tamaulipas, después del virtual “paro nacional” en la creación de puestos de trabajo formales observado en 2025 a partir de los registros del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).

En un contexto nacional caracterizado por máximos históricos de empleo asegurado, el desempeño tamaulipeco resulta paradójico: la entidad no logra alcanzar las metas de generación de plazas formales, mantiene una racha prolongada en color rojo en el semáforo de México, ¿Cómo Vamos? y exhibe un rezago evidente frente a otras entidades de la frontera norte.

Esta disociación entre dinámica nacional y desempeño regional obliga a un análisis territorial fino y a una agenda propositiva diferenciada, particularmente en torno al Polo de Desarrollo para el Bienestar de Altamira.

Durante 2025, Tamaulipas incumplió sistemáticamente la meta de generación de empleo formal definida por el colectivo México, ¿Cómo Vamos?, lo que se tradujo en varios trimestres consecutivos con el indicador en color rojo. Mientras a nivel nacional el IMSS registraba saldos positivos y acumulaba un número récord de trabajadores formales asegurados, la entidad apenas avanzaba hacia su objetivo anual.

El comportamiento de los primeros meses de 2026 confirma esta tendencia: para febrero, el acumulado de 2,632 nuevos empleos afiliados al IMSS representaba solamente 49% de la meta de 5,350 plazas, por debajo del umbral de 75% necesario para pasar al color amarillo. Que el semáforo lleve once meses continuos en rojo y que la última vez que se observó un color distinto haya sido en abril de 2025 ilustra la persistencia de un estancamiento en la creación de empleo formal, más que un fenómeno coyuntural.

El contraste con los demás estados de la frontera norte es ilustrativo.

Entidades como Sonora, Baja California y Nuevo León rebasan con amplitud el 100% de su meta, alcanzando valores muy superiores en el semáforo de empleo, lo que refleja una captación intensa de inversión y una fuerte demanda de trabajo formal.

En cambio, Tamaulipas, con alrededor de 49% de cumplimiento, se sitúa en penúltimo lugar regional, solo por encima de Coahuila.

Este diferencial sugiere que el estado no está aprovechando plenamente las ventajas asociadas al T-MEC, a la relocalización de cadenas productivas (nearshoring) ni al posicionamiento logístico de su franja fronteriza y portuaria. Además, la reducción de la tasa de desocupación abierta en 2025 podría responder menos a la creación de puestos formales y más a la expansión de modalidades informales, subocupadas o de baja remuneración.

En este contexto, la política pública del gobierno de Américo Villarreal Anaya enfrenta el desafío de articular una estrategia de desarrollo económico que vincule explícitamente la atracción de inversión, la mejora de la productividad y la expansión del empleo formal.

El Polo de Desarrollo para el Bienestar de Altamira se configura como instrumento privilegiado: al integrar el puerto y su hinterland industrial en una lógica de clúster —petroquímica, manufactura de exportación, logística, servicios empresariales y energías limpias—, se abren posibilidades de generar empleos formales con encadenamientos hacia atrás y hacia adelante.

Para que este polo funcione como motor de bienestar, el diseño de los proyectos ancla debe incorporar desde el origen criterios de formalización laboral, salarios dignos y participación de proveedores locales.

Desde una perspectiva propositiva, pueden delinearse tres líneas de acción:

  1. En la región sur (Altamira–Tampico–Madero), consolidar un ecosistema industrial-portuario mediante parques industriales modernos, mejor conectividad y programas de formación dual con universidades y tecnológicos, asegurando el registro en el IMSS de la nueva mano de obra.
  2. En la franja fronteriza (Reynosa, Matamoros, Nuevo Laredo), reconfigurar la promoción de inversiones para igualar las condiciones de certidumbre e incentivos de los estados líderes, con metas trimestrales de empleo formal y esquemas ágiles que faciliten la formalización de pymes.
  3. En las regiones centro y rurales, articular programas de empleo con diversificación productiva en servicios de alto valor y agroindustria, además de avanzar en esquemas simplificados de incorporación a la seguridad social.

Un Observatorio Estatal de Empleo y Relocalización permitiría monitorear estos procesos, transparentar avances y alinear el potencial del Polo de Altamira con la vocación productiva regional, facilitando que Tamaulipas abandone la zona roja del semáforo y transite hacia un crecimiento más incluyente.