Por La Libre

Por Edelmira Cerecedo Garcìa.

Cada año llega el Día Internacional de la Mujer y el país se llena de discursos, campañas y fotografías con listones morados. Pero fuera de las redes sociales y de los eventos oficiales, la realidad sigue siendo mucho más dura de lo que muchos quieren admitir.

El 8 de marzo no es una fecha para felicitar, ni para romantizar la lucha de las mujeres.

Es un recordatorio incómodo de que, pese a décadas de avances, la desigualdad sigue profundamente arraigada en la sociedad mexicana. La violencia, la discriminación laboral, los techos de cristal y la impunidad no son consignas de protesta: son realidades cotidianas.

La política tampoco está exenta de esa contradicción. Mientras los gobiernos hablan de igualdad y empoderamiento, miles de mujeres siguen enfrentando condiciones de inseguridad, salarios desiguales y barreras para ocupar espacios de decisión. La ley puede establecer paridad, pero la cultura del poder aún se resiste a compartirlo de verdad.
También hay que decirlo con claridad: la lucha por la igualdad no se fortalece con la polarización ni con la destrucción del diálogo.

La causa de las mujeres es demasiado importante como para convertirla en un espectáculo político o en una batalla ideológica que termina alejando a la sociedad del fondo del problema.
Concientizar implica reconocer que el cambio no llegará solo con discursos institucionales ni con marchas anuales.

Requiere educación, justicia efectiva, oportunidades reales y una transformación cultural profunda que empiece en la familia, continúe en las escuelas y se refleje en las decisiones del poder público.

El 8 de marzo debería incomodar, cuestionar y obligarnos a mirar de frente las fallas del sistema. Porque la igualdad no se decreta: se construye con acciones, con voluntad política y con una sociedad que deje de normalizar la desigualdad.
Y mientras esa realidad no cambie, el 8 de marzo seguirá siendo más una exigencia que una celebración….se lo dejo de Tarea.

UAT

Inspira 8M: una universidad que impulsa igualdad
En la antesala del Día Internacional de la Mujer, la Universidad Autónoma de Tamaulipas envía un mensaje claro: la igualdad no debe quedarse en el discurso, debe traducirse en acciones.

La gira “Inspira 8M”, impulsada por el Instituto de la Mujer Universitaria, representa un esfuerzo por abrir espacios de reflexión, diálogo y liderazgo femenino dentro de la vida académica. Más que una agenda conmemorativa, es una iniciativa que busca fortalecer la participación de las mujeres en la comunidad universitaria.

Este impulso responde también a la visión del rector Dámaso Anaya Alvarado, quien ha colocado el tema de la igualdad como parte del compromiso institucional de la universidad. No es menor que la UAT sea de las pocas instituciones del país que cuentan con un Instituto de la Mujer, orientado a promover la igualdad sustantiva y prevenir la violencia de género.

Cuando una universidad asume este tipo de causas, su impacto va más allá de las aulas. Forma profesionistas, sí, pero también construye ciudadanía y conciencia social.

“Inspira 8M” confirma que la educación también es una herramienta para transformar realidades. Porque cuando las universidades inspiran, la sociedad avanza.