La Comuna

El deceso del PRI y los culpables

José Ángel Solorio Martínez

Si no fuera por la agonía que lo consume, deberíamos felicitar al PRI por que cumple 97 años de existencia. De la mano de la triunfante revolución de 1910-1917, hizo del culto de esa gesta del pueblo mexicano, su mayor emblema y su más sólido escudo. Como Partido Nacional Revolucionario (PNR), gobernó con más aciertos que altibajos -1929 a 1938-; al cambiar a Partido de la Revolución Mexicana en 1938, aún ondeaba el nacionalismo revolucionario como su fundamental esencia; en 1946 decidió mutar: Partido Revolucionario Institucional (PRI).
Fue la época donde el puerco torció el rabo.
En este estadio de desarrollo, el PRI decidió incorporar y dar preeminencia en sus políticas a los empresarios; al abrirlas puertas del partido al dinero, tomaron por asalto posturas de derecha que iniciaron a carcomer un nacionalismo revolucionario que les impedía tomar las riendas del poder político.
Duraron años en ese tironeo.
La mayoría de la clase política ataviada ideológicamente con el nacionalismo de la revolución, enfrentaron a la clase económica dominante; en el fondo, esos segmentos nuevos del PRI practicaban y promovían el libre mercado y calificaron como enemigos a todos aquellos que se les opusieran.
La correlación de fuerzas, con el tiempo, favoreció a esos fanáticos del dinero y del mercado. Fue entonces, que se entronizó el PRI con el neoliberalismo que llegó en compañía de mexicanos educados en la economía del libre mercado, con Carlos Salinas de Gortari a la cabeza.
Esa derechización del PRI, lo llevaría a enfrentar a sus adversarios, con un nuevo aliado natural: el Partido Acción Nacional (PAN).
¿Por qué se aliaron el PRI y el PAN?
La causa estructural de la convergencia de proyectos es el neoliberalismo. No se ha sabido, elementos ideológicos claros que diferencien a un partido de otro; la sapiencia política de AMLO al bautizarlos como PRIAN, fue más que precisa, puntual.
Esa coalición fue el beso del diablo.
Al mismo tiempo que enterraron el nacionalismo revolucionario y permitieron el paso del neoliberalismo, firmaron su propio fin. En lugar de identificarse por su pasado, con una emergente izquierda electoral, se decantaron por la organización de derecha moderna más perniciosa para el país y los mexicanos: el PAN.
El lugar de los ideólogos -que los había en el PRI- escucharon a intelectuales conservadores y entregaron su alma al diablo creyendo que derrotarían a una opción antineoliberal.
El resto es historia.
De 300 distritos federales que disputa el PRI, apenas gana un par ¡en el país!
Ya no hay forma de rectificar.
El responsable de la debacle no es Alito; es sólo el enterrador.
Los culpables del deceso son las malas compañías.