Por René Martínez Bravo

Durante años, la narrativa centralista redujo a la frontera a una franja geográfica de intercambio comercial y tensiones migratorias. Sin embargo, la agenda que hoy se despliega en Nuevo Laredo obliga a replantear esa visión: la frontera norte no es periferia, es eje estratégico del proyecto nacional.

La realización de la Primera Cumbre Logística “Los Laredos 2026” no es un simple foro técnico ni un encuentro empresarial más. Es, en esencia, una señal política. En un contexto global marcado por el nearshoring, la relocalización de cadenas de suministro y la creciente interdependencia económica entre México y Estados Unidos, posicionar a la región de los Dos Laredos como hub logístico mundial implica asumir liderazgo territorial. Significa entender que el comercio exterior no es solo flujo de mercancías, sino instrumento de soberanía económica y desarrollo regional.

Y es que la alcaldesa Carmen Lilia Canturosass, vuelve colocar a su ciudad en el contexto y tablero nacional, y es gracias a esa dinámica de trabajo que la distingue, siempre en favor de su región.

La infraestructura, la coordinación binacional y la competitividad aduanera no se construyen únicamente con inversión; requieren visión institucional. Y en ese sentido, que Nuevo Laredo convoque a líderes empresariales, especialistas y autoridades de ambos países coloca a la ciudad en el centro de una conversación estratégica que rebasa lo local y se inserta en la agenda nacional.

Pero la dimensión política se profundiza con el Encuentro Nacional de Municipios de la Frontera Norte de México. Este espacio, impulsado por la Asociación de Autoridades Locales de México, A.C. (AALMAC), tiene un alcance que va más allá del intercambio de experiencias. Representa el reconocimiento de que los municipios fronterizos enfrentan realidades distintas y, por tanto, requieren políticas públicas diferenciadas. No es lo mismo gobernar en el centro del país que administrar una ciudad donde diariamente convergen comercio internacional, movilidad humana, seguridad y cooperación transfronteriza.

La gobernanza fronteriza demanda coordinación intergubernamental, innovación institucional y una lectura precisa del entorno internacional. En este contexto, la frontera no puede seguir siendo tratada como un asunto marginal dentro de la política pública nacional; debe ser entendida como laboratorio de integración, desarrollo y diplomacia local.

La tradicional Ceremonia del Abrazo a la mitad del Puente Juárez-Lincoln refuerza este mensaje con un poderoso simbolismo. En tiempos donde el discurso polarizante gana terreno en diversas latitudes, el gesto de cooperación binacional adquiere un valor político sustantivo. La frontera no divide: articula economías, culturas y proyectos compartidos. Y cuando las autoridades refrendan públicamente su compromiso de colaboración, envían una señal clara de estabilidad y entendimiento institucional.

La agenda de esta semana también proyecta liderazgo político. La alcaldesa Carmen Lilia Canturosas Villarreal encabeza estos eventos con el respaldo del gobernador Américo Villarreal y de la presidenta Claudia Sheinbaum, lo que revela una alineación institucional que fortalece la capacidad de gestión y posiciona a Nuevo Laredo como interlocutor relevante en la agenda nacional.

Más allá de los actos protocolarios y los reconocimientos, lo que está en juego es la narrativa del país. Si la frontera logra consolidarse como plataforma logística global, espacio de innovación municipal y ejemplo de cooperación internacional, entonces México estará redefiniendo uno de sus principales activos estratégicos.

Nuevo Laredo no solo será sede de eventos de alto nivel; será escenario de una afirmación política: el desarrollo nacional pasa, inevitablemente, por la frontera. Y cuando la frontera asume su papel con visión institucional y liderazgo, deja de ser límite y se convierte en punto de partida.