Reflector/Gilda R. Terán.
Existen muchas motivaciones, cuando un menor desea ser de grande un policía, ya que la
admiración por la figura de un héroe defensor, el animo de ser un centinela de los
desprotegidos es una razón enaltece querer ser guardián del orden.
Además, que para los infantes la búsqueda de las cosas justas tiene equilibrio en su
desarrollo psicoemocional, y el concepto de ayudar y el orgullo de servir a quienes se
sienten desprotegidos son causales para estar en un futuro en el servicio policial.
Es así que, con estos alicientes de velar por la comunidad, en plena adolescencia, Iker
Alberto Galván Martínez, con tan solo 13 años, vio su sueño cumplido de ser policía,
aunque fuera por un solo día.
En este sentido personal de la Guardia Estatal de la Delegación Regional Reynosa, fueron
quienes cumplieron el sueño de Iker, le dieron obsequios alusivos a esta profesión de
seguridad pública, así como la estrella que identifica a esta corporación policiaca.
En esta entrega participaron elementos de la Guardia Estatal y de la Dirección de Tránsito
del estado, quienes hicieron realidad el anhelo de este infante, quien desde temprana edad
ha sentido admiración por esta profesión de los guardianes operativos de la Secretaria de
Seguridad Publica de Tamaulipas.
En este deseo anhelado desde su infancia, Iker pudo abordar los vehículos oficiales, así
también recibió otros souvenirs de las corporaciones policiacas, en fin, con estas acciones
de la SSPT, acrecienta el deseo de servir a la comunidad, en esta profesión de seguridad
pública.
HUMILDAD VIRTUD DE LOS GRANDES.
Creemos que el supuesto de que ya todo se sabe y ya todo se vio, coloca al hombre en un
nivel de maduración que puede descomponerlo por dentro y obligarlo a caer. Es así que por
lo antes narrado debemos ver que es necesario, el pretender ser modestos como para
ofrecer más de lo que hemos dado y para vivir más satisfechos de lo que hemos vivido
hasta el día de hoy.
Por lo cual de esta manera estoy segura y creo en la humildad que es la que permite al
hombre descubrir permanentemente cosas en su vida, y que en realidad debemos adquirir
conocimientos para elegir el bien.
Pero ninguno de los conocimientos ayudará si hemos perdido la capacidad de conmovernos
con la desgracia de otro ser humano, con la mirada amistosa de otra persona, y si entonces
el hombre se hace indiferente a la vida no hay ya ninguna esperanza de elegir la bondad.
Ciertamente su corazón habrá endurecido tanto que su “vida” habrá terminado si ocurriera
esto a la especie humana, la vida de la humanidad se habría extinguido en el momento
mismo en que más deseábamos que prosperara.
Sin embargo, afortunadamente el corazón del hombre podrá endurecerse, podrá hacerse
duro, pero nunca dejará de ser humano. Siempre seguirá siendo un corazón de hombre.
Hasta la próxima.
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