Tinta Negra
Alfredo Guevara
El Instituto Mexicano del Seguro Social, dejó de ser el organismo que garantizaba los servicios de salud al derechohabiente, que contaba con medicinas, médicos y especialistas con sentido humanista.
Lejos de mejorar la calidad y calidez de los servicios, han empeorado, pudiera decirse que por errores humanos, porque al Instituto le corroe actos de corrupción, que lejos de ser atendidos por directivos del Seguro Social, ignoran que pasa en las delegaciones.
Resulta que ahora, el IMSS está propenso a todo: mal servicio al derechohabiente, a la programación de citas con especialistas en cuyo periodo el paciente puede morir y dejar viva la fecha en la que pudo haber sido atendido, hasta cometer actos de corrupción, que según el delegado JOSÉ LUIS ARANZA, se pueden cometer, porque todos somos humanos.
Y qué pena, porque en lugar de poner atención a los actos deshonestos, a quienes los denuncian por bien de la institución o del paciente, desafortunadamente son despedidos.
Es decir, para el Instituto Mexicano del Seguro Social dejó de ser un asunto técnico y se convirtió en un problema de poder a punto de corrupción.
Y es que, auditorías que detectaron pensiones con relaciones laborales simuladas fueron revertidas y con ello se liberaron más de 41 millones de pesos. Sin embargo, el funcionario que documentó las irregularidades fue separado del cargo y las empresas señaladas, restituidas.
La señal es clara: quien investiga estorba; quien cobra, gana y muy bien.
El problema es que el delegado del Instituto Mexicano del Seguro Social en Tamaulipas, JOSÉ LUIS ARANZA AGUILAR normalizó con una frase que retrata a la institución: “hay corrupción porque somos humanos”. Que tal.
Desconoce o no sabe el delegado, que la corrupción no se explica con humanidad, se explica con decisiones. Y en este caso de denuncia, hubo decisiones que costaron millones y nadie ha rendido cuentas.
La indignación creció cuando se supo que el salario del delegado del IMSS en Tamaulipas, se acerca al de la presidenta Claudia Sheinbaum, y por si fuera poco, nos comentan que en la delegación del IMSS se premia al círculo cercano con aumentos y se castiga al denunciante.
El caso ya no es local. La pregunta es política y apunta a la cúspide: ¿qué sabía la dirección general del IMSS encabezada por ZOÉ ROBLEDO ABURTO y por qué guarda silencio?
Ahora bien, hacen entender que cuando un gobierno paga lo irregular, despide al que denuncia y justifica la corrupción como algo “humano”, deja de administrar un instituto público y empieza a administrar la impunidad. EN FIN. [email protected]
Corrupción es corrupción