Dr. Adán W. Echeverría-García
“Ese otro se convierte en el camino
para nuevos aprendizajes”
Bethsabé Huamán Andía
El «terrible» problema de Marx Arriaga es su propia «ingenuidad» política. Creer que, a los muchos personajes que conforman a Morena, los unen ideales o ideologías. Ideales e ideologías solo se mantienen en los fieles al «obradorismo». Y es desde el obradorismo que se ha conformado la Nueva Escuela Mexicana.
Sin embargo, Mario Delgado no es «obradorista» y es el riesgo que se ha corrido de darle tanto espacio a su persona y sus alianzas. Lo vemos con la caterva de candidatos que se volvieron alcaldes, gobernadores por Morena, todos escogidos vía acuerdos con Mario Delgado cuando era presidente del Partido. Julio Astillero señalará que Delgado no se mandaba solo, y actuaba bajo las ordenanzas de López Obrador. Disiento totalmente. Líder es quien enseña y acompaña, pero los seguidores del líder gozan del libre albedrío de mantener los mismos “ideales” o seguir sus propios pensamientos. ¡Es la libertad que otorga todo líder! Si Andrés tuviera que corregir todo lo que los demás hacen desde el puesto que les entregó, sería cuento de nunca acabar. El líder corrige las equivocaciones, pero cada quien es responsable de haberlas cometido. Aceptar lo que Julio Astillero señala, es creer que las decisiones partidistas las tomaba el presidente de la República, quien, desde el poder, ya no sirve solo a su partido sino a todos los mexicanos. ¡Ese es el cambio de paradigma que se persigue! Dejar de medir a Andrés con los mismos pensamientos prianistas, pensamientos neoliberarles, ésos que justo se quieren abolir. Las elecciones de candidatos por Morena, las tomó Mario Delgado, y el grupo de liderazgos que existían en ese momento en el partido a su cargo; tal como hoy las debe estar tomando Luisa María Alcalde, y no la presidenta Claudia Sheinbaum.
En Delgado hay resultados, eso no se discute. Logró que el país se pintara de guinda, pero solo en el papel, no en los ideales de los alcaldes y gobernantes disfrazados de guinda, sino solamente dentro del institucionalismo presidencial, al estilo neoliberal: «Sí, mi Presidenta», se les escucha decir; pero, cuando ella se da la vuelta, las prácticas prianistas de cómo gobernar funcionan de la misma forma, en muchos de esos estados y municipios gobernados por Morena, porque son prianistas disfrazados de guinda; Huacho en Yucatán, Américo en Tamaulipas, son el preclaro ejemplo.
En cambio, lo de Marx Arriaga era y es de ideologías. Pensar que el cambio debe darse desde las infancias, haciendo que nuestros niños y niñas trabajen en comunidad. Porque la idea de hacer comunidad lo que el neoliberalismo destruyó en el pueblo mexicano: divide y vencerás: no a sindicalismos, no agrupaciones de maestros, no comunidades de estudiantes. Que cada quien camine solo, para que nadie lo defienda.
Antes de ser asesinado, se entrevistó al Ché Guevara. La periodista le dijo que sabía de su mujer e hijos; le preguntó qué hacía en la selva de Bolivia si ya había logrado su objetivo en Cuba, e incluso tenía un puesto alto en el gobierno para cambiar las cosas para el pueblo cubano. “¿No ha sido suficiente tanto esfuerzo el suyo? ¿Qué lo lleva a otro país a formar nuevos cuadros guerrilleros en la selva?” El Ché, a punto de morir, contesta: «Los ideales, señorita periodista, son los ideales».
Así vimos caminar durante tantos años a Andrés en México, por ideales. Y así vemos caminar estos pocos pasos a Marx Arriaga. ¿Cómo erradicar la polución neoliberal que ha cubierto a México desde 1982? La respuesta es cambiar el paradigma y hacerlo desde la niñez. Que los estudiantes normalistas, quienes serán los próximos maestros de nuestros infantes, recuperen el deseo de formar comunidad, y ver a nuestros niños trabajando en la primaria por objetivos, por proyectos, pero todos juntos. Eso es lo que Mario Delgado pretendió que Marx Arriaga sacara de los “Libros para los Maestros”; es a lo que Arriaga se negó y que le ha costado el puesto. Son los ideales, los ideales obradoristas.