La Comuna
José Ángel Solorio Martínez
La insolencia de Adán Augusto López Hernández -ex líder de la aplanadora de MORENA en el senado- contra la presidenta, Claudia Sheinbaum Pardo, está más que excedida. Es obligada, una respuesta presidencial, como dicta la tercera Ley de Newton: con la misma fuerza y en sentido contrario.
Adán lo sabe.
Pero su amor por el poder es tal, que presume que la protección de su ex padrino AMLO, se extiende transexenalmente.
Se siente el todopoderoso, el factor determinante en la vida nacional de la IV T y su Segundo Piso; incluyendo su red partidista.
Ya recibió un zape aleccionador; sólo que no comprendió las reglas de un presidencialismo, que se esfuerza por tomar sus propios derroteros en un escenario internacional proceloso y turbulento y en condiciones nacionales complejas.
Olvida que la legitimidad que le otorgaron más de treinta millones de mexicanos, le permite moverse dentro de una legalidad que dentro y fuera del país se le reconoce y admira.
En parte, ese blindaje le ha permitido sortear con habilidad y reconocimiento los desafíos del grotesco poscolonialismo.
Alguien está asesorando mal a Augusto.
¿El senador José Ramón Gómez Leal?
Por tanta pifia y tanto enredo que generan sus actitudes, pareciera que -JR- se ha instalado en la cabecera de su recámara para soplarle acciones para seguir retando a Sheinbaum.
¿Andy el hijo de AMLO?
Al parecer esa es la fuente más poderosa de sus impulsos para jugar vencidas con la presidenta.
Antes de reactivarse en territorio -o sea, su defenestración de las decisiones fundamentales del senado de la república- lanzó una proclama: la senadora Andrea Chávez va a ser la candidata a gobernadora por el estado de Chihuahua; y va a ser -aseguró-, la gobernadora.
De todos es sabido el tipo de vínculo que ambos tienen. Esta expresión cuasi nepotista, no sólo violenta los principios éticos de MORENA; no: es un desafío a la concesión metaconstitucional de la presidenta, de dar la venia a los candidatos de su partido a las gubernaturas.
Aspira, a crear una presidencia bicéfala que, en otros tiempos y épocas, muchos problemas han traído al país.
Poco ayuda a las aspiraciones de la joven senadora Chávez, esa actitud poco institucional del senador López Hernández.
¿Por qué?
Casi por nada: deja en una situación de fragilidad a la autoridad presidencial, en tiempos en que se requiere un Ejecutivo federal vigoroso y potente al interior y al exterior de la nación.
La insensatez de Adán Augusto, lo acerca cada día más al exilio dorado de la diplomacia.
Ya nada más falta, que destape a JR para gobernar Tamaulipas.