Dr. Adán W. Echeverría-García
Su condición de raza y de género las coloca
en un lugar de particular vulnerabilidad.
Mariana Berlanga Gayón
Qué cosa es el poder sino aquella forma de encumbrarse sobre los demás. Si se le enseña a un infante a ejercer el poder, paulatinamente lo ejercerá; para ello se requiere que el infante goce de una protección económica que viene de un grupo adulto que lo arropa y lo protege. Bien claro lo expuso Jean-Jacques Rousseau en su “Contrato Social”: al nacer en sociedad, firmamos, aunque no lo queramos, un contrato social, en el que la Ley de la Selva o la Ley del Más Fuerte ha dejado de existir”. Con base en ello, cualquier enclenque que goce con el poder que le da la economía de quienes lo protegen, bastará para querer abusar del otro sin ninguna consecuencia y sin ostentar ni músculos ni bravura. En la obra “La infancia de un jefe”, Sartre lo reitera, pero siempre queremos ignorar lo que ya sabemos.
No existen ricos, millonarios, mega billonarios, que no sean corruptos. La apropiación de tanto dinero, de tanto poder económico en pocos seres humanos, no tiene que ver con la sobrevivencia, sino con el querer ejercer el poder absoluto, el poder absoluto sobre todos los otros que los rodean, desde los millonarios que tienen poco menos que ellos, hasta cualquier persona de a pie. Ese poder económico que construye alianzas en los gobiernos de todos los países, desarrollando planes, ejecutando corpus legales que permitan la total impunidad en las altas esferas, creando de esta forma un gradiente de aplicación de las leyes: que no les aplique jamás a los millonarios, tan simple como eso. “Los ricos no van a la cárcel” dice el poeta, y eso no es más que una reflexión de la claridad con la que podemos observar las cárceles del mundo: “llenas de pobres”. No escribo sobre quienes se hicieron ricos en unos pocos años, robando, haciendo crímenes contra la salud, contra los estados financieros, contra los gobiernos y sus poblaciones, saqueando las arcas de un país; sino de esos personajes que por generaciones se han apropiado de los recursos mundiales.
Es tanto el poder que los sostiene que en verdad ya no saben en qué cosa gastar su dinero, no pueden gastarlo; porque el recurso es tanto que no hay forma de que una persona pueda gastar la fortuna de su familia en toda su vida, aunque su vida sea todo lo disoluta que se lo proponga. Y no hay forma de gastar tales fortunas, porque son tantos y tantos los negocios en los que tienen invertido sus recursos, que la cantidad de dinero que ganan día con día, podría representar todo el poder adquisitivo de una ciudad completa de Latinoamérica, de unos 500 a 600 mil habitantes. De ese tamaño es la diferencia entre ellos y nosotros. Ya ni siquiera saben cuánto dinero tienen en verdad, y sus familiares tampoco. Solo son conscientes de que adquieren todo lo que deseen, no les preocupa quien paga; y desde que fueron bebés es así como ha funcionado su vida.
Pon a cualquier personaje que ha crecido de esa manera, o a personas cercanas a esas familias, a liderar empresas, a participar en gobiernos, a decidir por los derechos de los seres humanos, o a rodearse de personas que realicen las leyes: jamás entenderán sus necesidades. Y quienes hacen las leyes, no van a legislar en contra de ellos. Eso representan los Rothschild, los Koch, los Mars, los Arnault, los Walton; y de los multimillonarios recientes: Musk, Page, Brin, Bezos, Zuckerberg, Gates, entre otros tantos; capaces de pagar sumas estratosféricas para poner presidentes, incluso en Gringolandia (ahora también llamada Pedofilistán).
Cuando esos personajes, esas familias, esos individuos e individuas, ya no saben en qué gastar sus recursos, comienzan a volver a su lado más animal. Al sentirse libres de la aplicación de toda ley, les es muy práctico hacer a un lado el Contrato Social que Jean-Jacques Rousseau afirmara; esas leyes aplican para todos los que están poder debajo de ellos. ¿Y qué parte animal es la que más dejan libre? La sexual, definitivamente. Por ello se sienten con el derecho de tomar a las mujeres y hombres que quieran, tomarlos de la forma en que quieran, incluso usar a adolescentes, niñas, niños e incluso bebés; o hasta a hacer rituales que infrinjan dolor o puedan causar la muerte. A ellos qué les importa, los humanos por debajo de sus familias son desechables. No hay moral que les aplique, al menos no la moral que nos han inculcado a todos los que estamos por debajo.
Las listas, los archivos, que se han liberado de Epstein, evidencia cada una de las cosas que señalo en este texto. Muchos se asombran, y no entiendo el por qué. Se enojan y reclaman que no se aplique la ley; y las leyes humanas de cualquier país jamás se les aplicará a estas personas. No es una gran investigación, todo lo contrario. Es una demostración tanto de cinismo, como de evidencia de fuerza de parte de ellos hacia nosotros:
“Epstein quiso vivir de chantajearnos. Epstein y su mujer fueron detenidos, porque no eran generadores de riqueza, sino apenas extorsionadores. Epstein está muerto. Y ahora no, no nos da vergüenza. Esto es lo que somos, y que ustedes jamás serán y jamás entenderán. Porque un gigante no puede jamás entenderse con los microbios. Más les vale que lo entiendan”. Y es así como piensan esos personajes de las acusaciones y de las portadas de periódicos y de los tabloides y de todo lo que los pequeños seres humanos gritamos al respecto.
Claro que caerán algunos gobernantes, algunos personajes de la farándula, eso está contemplado en su accionar, así es como son las cosas. Pero jamás los dueños de las grandes fortunas. Ahora, querido lector, mire a los propios millonarios que existen en su propio país: es verdad que tienen menos dinero, pero se desarrollan en países con menos creación de riquezas. En América Latina fuimos saqueados durante tres siglos (1500 a 1800), y creímos que en algún momento nos volvíamos independientes; vaya ternura con la que nos gritamos Patria los unos a los otros. Lo cierto es que seguimos siendo pueblos esclavizados, seguimos viviendo en un territorio que continúa siendo saqueado por esos grandes capitales gringos y europeos. Lo cierto es que el color de nuestra piel nos condena, porque los grandes capitales que históricamente son dueños de todo: son sionistas, blancos y machistas.
Existe un gradiente de poder en este mundo: En la parte más elevada se encuentra el Hombre Blanco Multimillonario, apenas por detrás la mujer blanca de la misma estera social; luego vienen valores de preferencias sexuales, tonalidades de piel y estrato económico, que van organizándose. Haga usted la cuenta que los latinos nos encontramos en las partes más bajas de esas escalas de poder, y los latinos homosexuales más abajo; que las mujeres latinas bajan todavía más, y las mujeres latinas lesbianas, mucho más; pero el fondo de esas escalas se guarda para los pueblos americanos y entre ellos las mujeres transexuales ocupan el lugar de más abajo de esas escalas en las que se arrancan todos los derechos humanos; casi se les clasifica de sub humanos. Solos nos queda seguir resistiendo.