Golpe a golpe

Por Juan Sánchez Mendoza

La permanencia de Adán Augusto López Hernández como senador, tras su dimisión a la coordinación legislativa del membrete guinda podría obedecer a una maniobra para evitar que sea aprehendido por el gobierno yanqui, en caso de salir del país para hacerse cargo de una embajada.

Y es que en la Unión Americana es investigado por sus vínculos con el grupo criminal ‘La Barredora’ que controlaba, o aún mantiene bajo terror, al sureste de México.

Lo ‘cantado’ por Hernán Bermúdez Requena (el ex cabecilla del grupo) ante la justicia gringa, involucra al tabasqueño ‘hermano’ de Andrés Manuel López Obrador.

Así que, el senador, pudo haber rehusado ocupar un cargo diplomático por temor a que los güeros ‘le echaran el guante’ pese a que un embajador goza de inmunidad (prebenda basada en el derecho internacional) para así garantizar el libre ejercicio de sus funciones, aunque solo en el país en que ejerza la función.

‘Calladito se ve más bonito’, reza un refrán popular, que, seguramente, atenderá en lo sucesivo Adán Augusto, luego de perder las vencidas con la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo quien, se dice, ordenó su caída como coordinador senatorial, para hacer valer su investidura.

 Sobre todo, porque Adán Augusto siempre le ha jugado las contras, al no entender que el uno es primero y después el dos, el tres y los demás.

Bajo esta tesitura, al todavía pastor de la bancada guinda en el Palacio Legislativo de San Lázaro, Ricardo Monreal Ávila, atendiendo un refrán que reza ‘cuando las barbas de tu vecino veas cortar pon las tuyas a remojar’ le dio por declarar que su renuncia está sobre la mesa.

Por lo tanto, no hay que descartar su caída como pastor de la bancada legislativa de Movimiento Regeneración Nacional, pues el zacatecano igual que el tabasqueño han operado en contra de la presidenta.

Otro senador que podría morder el polvo, con un ‘por fin estate quieto’, es José Gerardo Rodolfo Fernández Noroña, quien también le ha causado serios dolores de cabeza a la jefa del Ejecutivo federal.

En morena, como partido político, igual se espera la dimisión de quien ocupa la Secretaría de Organización (Andrés Manuel López Beltrán), antes de abrirse el proceso electoral recurrente (en septiembre próximo), merced al desprestigio público que tiene (por sus ‘corruptelas)’ e incide, de manera negativa, entre los adoradores del mentado ‘Peje’.

Ignoro si esta sacudida haya sido ordenada por la señora Presidenta.

Pero está bien vista socialmente.

Y eso, además, fortalece su liderazgo.

Partidos sometidos

La desconfianza y/o la pérdida de credibilidad hacia los partidos políticos que participarán en el proceso electoral 2026-27, encuentra sustento en la marcada incongruencia y poca seriedad con que se conducen.

Esto lo evidencian los mecanismos antidemocráticos utilizados para renovar sus estructuras dirigentes y en la anunciada dilatación para tocar el asunto de las precandidaturas a cargos de elección popular, pese a tener bien definidos los estatutos y reglamentos que rigen su vida interna y actuación pública.

Generalmente son los grupos de interés quienes malinterpretan la reglamentación partidista, en un claro afán de adecuarla a los caprichos de las camarillas o facciones que en los procesos comiciales se adueñan de los membretes.

Al preocupante fenómeno, por cierto, no escapa ningún partido tradicional.

Es más, cuando de pelear se trata pa’ defender parcelas, los jefes de los clanes pierden la compostura y no asoman el menor pudor al exhibir sus mezquindades que degradan y enturbian la vida democrática de las organizaciones, como se ha visto durante al menos las últimas tres décadas.

Así, los pleitos de lavadero sesgan los buenos propósitos y exhiben falta de ética, de principios y sobre todo de madurez política, por lo que los partidos dejan de ser espacios ideológicos para convertirse en pancracios donde afloran las pasiones e intereses individuales y sectarios.

Hay más: la lucha resulta encarnizada hacia adentro de los partidos, cierto, pero al exterior no es menos halagadora.

Cicuta

El recorte del bono a los trabajadores administrativos del Supremo Tribunal de Justicia de Tamaulipas (STJ), ha prendido focos rojos entre el personal, pues aparentemente se incrementó su salario, pero nada se les dijo para justificar ese recorte, sino que arbitrariamente se aplicó la medida.

Esto parece ilegal.

Lo peor del caso, es que el recorte ocurra precisamente donde se dice que la ley debe aplicarse sin distinciones.

¿Y para el STJ ex excluyente?

Correo: [email protected]