Columna Opinión Económica y Financiera.
Dr. Jorge A. Lera Mejía.
De acuerdo a los últimos embates políticos económicos que está impactando a la maquila tamaulipeca dejando de ser el otrora motor del desarrollo, en esta columna hablaré del punto de inflexión del modelo en el estado los próximos años 2026–2031.
La industria maquiladora del norte de México, y particularmente la de Tamaulipas, llega a 2026 enfrentando un cambio estructural sin precedentes. Aquella política de emergencia nacida en 1965 para contener el desempleo tras el fin del Programa Bracero se convirtió, con el paso del tiempo, en el eje de la economía fronteriza.
Durante casi seis décadas, la maquila garantizó ocupación y conectó a México con las cadenas productivas de Estados Unidos, pero sin construir una base industrial propia. El modelo de “ensamble barato” permitió crecer, no desarrollarse.
Tamaulipas es ejemplo claro de esa trayectoria: de las primeras plantas en Reynosa, Nuevo Laredo y Matamoros en los años setenta, a más de 400 establecimientos activos en 2025, con casi 240 mil trabajadores. Las cifras muestran estabilidad, pero esconden estancamiento.
El auge de los noventa y los dos mil se agotó sin renovación tecnológica ni política industrial. La lógica siguió siendo la misma: bajos salarios, alta rotación y dependencia del exterior.
Durante años, la maquila fue sinónimo de movilidad social y estabilidad urbana. Hoy apenas cumple una función de contención. La automatización, el aumento del salario mínimo y los costos energéticos presionan los márgenes de operación. Las empresas responden con procesos más intensivos en capital y menos en empleo; el trabajo se vuelve temporal, más precario y más exigente. Así, el modelo que antes absorbía el excedente laboral comienza a soltarlo lentamente.
A ello se suma una competencia global más sofisticada. Las nuevas inversiones provenientes del «nearshoring» no buscan solo cercanía geográfica, sino infraestructura energética, seguridad jurídica y talento técnico.
Tamaulipas compite con ventajas del pasado: ubicación y mano de obra económica, pero carece de tres elementos clave del presente productivo: energía confiable, capital humano especializado y estabilidad social. El resultado es un flujo de inversiones selectivo, menor al esperado, mientras estados vecinos captan proyectos de alta tecnología.
El mayor riesgo es seguir operando con un modelo envejecido. La maquila no ha entrado en crisis terminal, pero sí en crisis de significado: produce y genera empleo, pero su capacidad de impulsar desarrollo es limitada. En las ciudades fronterizas, la vida económica depende de ella, sin que ello garantice progreso sostenible.
Frente a este panorama, es necesario construir una estrategia compartida entre los tres órdenes de gobierno, el empresariado y los representantes de los trabajadores.
De su coordinación dependerá que la maquila se redefina como industria moderna o se consolide como un instrumento de supervivencia productiva.
1.El gobierno federal debe revisar los incentivos fiscales y energéticos de la frontera norte. No se trata solo de mantener exenciones, sino de asegurar un suministro eléctrico confiable y competitivo, condición indispensable para atraer manufactura avanzada. Al mismo tiempo, debe fortalecer la formación técnica mediante alianzas con universidades y empresas para capacitar a trabajadores en robótica, automatización y gestión digital de procesos.
2.El gobierno estatal necesita formular una política industrial clara. En lugar de multiplicar plantas, debe impulsar clústeres estratégicos —médico, electrónico, automotriz de precisión— que integren proveeduría local y eleven el valor agregado. La meta es crear ecosistemas productivos, no solo empleos.
3.Los ayuntamientos fronterizos, por su parte, deben atender los factores que hoy definen competitividad: seguridad, movilidad, vivienda, y servicios urbanos. Una maquila moderna requiere entornos urbanos funcionales, donde trabajadores calificados quieran vivir y empresas quieran invertir.
4.Por otro lado, los empresarios deben romper la lógica de resistencia. Invertir en tecnología, vincularse con centros de investigación y apostar por la innovación local son caminos imprescindibles para mantener competitividad sin depender de bajo costo laboral.
5.Finalmente, los sindicatos y representantes laborales tienen una oportunidad decisiva. Su papel debe evolucionar del conflicto salarial a la corresponsabilidad productiva: participación en la capacitación, en la mejora de procesos y en la estabilidad del empleo. Solo así se evitarán estallidos como el de Matamoros en 2019 y se garantizará un entorno de cooperación.
La maquila de Tamaulipas necesita reinventarse. En los próximos cinco años deberá transitar de ser un modelo de ensamblaje a uno de manufactura inteligente. Si gobiernos, empresarios y trabajadores logran convertir el reto en oportunidad, el estado podrá mantener su peso industrial y, al mismo tiempo, abrir una nueva etapa de desarrollo inclusivo.
Si no, seguirá dependiendo de un motor que, aunque sigue encendido, cada día impulsa menos.