A MI MANERA

Por Tello Montes

-Aquí ya huele a comida… el tucán listo para cocinarlo.

  • Cuando la universidad se adelanta al territorio.

-Ni el frío pudo con el pueblo…

En política no solo gana el que llega primero, gana el que sabe qué va a servir. Y en Tamaulipas, el Partido Verde Ecologista de México ya empezó a poner el menú sobre la mesa, mientras otros partidos siguen viendo si alcanzan silla.

Desde este 1 de febrero, bajo el mando de Manuel Muñoz Cano, el Verde no solo arrancó la Ruta Verde: ya abrió la carta política rumbo al 2027.

Alcaldías, diputaciones federales, diputaciones locales, sindicaturas y regidurías ya están en el menú, bien acomodadas y con nombre propio para quienes tengan estómago político.

Y aquí viene lo interesante —lo que se comenta en corto, pero pocos se atreven a decir en voz alta—: el tucán ya lo están preparando para meterlo a cocinar.

Quien quiera la pieza más apetitosa de este animalito, que se vaya afilando los dientes, porque no será para masticar despacio. Aquí habrá que saber comer sin atragantarse, sin morderse la lengua y sin hacer gestos cuando el platillo esté caliente.

Porque el mensaje es claro: el Verde no va a repartir por compasión, va a servir a quien esté listo. El que llegue temprano, come mejor. El que llegue tarde, que no se queje del sabor.

Mientras Morena, PAN, Movimiento Ciudadano y el Partido del Trabajo siguen confiados, dormidos en laureles y creyendo que el reloj político arranca con las campañas, el Verde ya entendió que el 2027 se cocina desde ahora.

Aquí no hay improvisación ni ocurrencias de último minuto. Hay territorio, hay estructura y hay una ruta clara para que la militancia y los aspirantes den la cara desde hoy, no cuando ya no alcance el tiempo.

CUANDO LA UNIVERSIDAD SE ADELANTA AL TERRITORIO.

Mientras muchos siguen hablando de futuro como si fuera promesa lejana, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas las decisiones ya se toman con los pies en la tierra y la mirada en el mapa.

La transformación del antiguo Instituto de Ingeniería y Ciencias en el Instituto de Geomática y Gestión Territorial no es un simple cambio de nombre ni un ajuste administrativo para la foto. Es, en los hechos, una declaración de rumbo: la UAT está apostando por el conocimiento que sirve, que planea, que mide y que impacta directamente en el desarrollo del estado.

Bajo el liderazgo del rector Dámaso Anaya Alvarado, la universidad sigue enviando señales claras de que el crecimiento académico no se improvisa ni se decreta; se construye con decisiones estratégicas, avaladas por la Asamblea Universitaria y alineadas a las verdaderas necesidades sociales, económicas y ambientales de Tamaulipas.

Aquí hay un punto clave que no debe pasar desapercibido: la geomática y la gestión territorial no son moda académica, son herramientas de poder técnico. Sensores remotos, sistemas de información geográfica y análisis territorial hoy definen cómo se planean ciudades, cómo se administran recursos naturales, cómo se previenen riesgos y cómo se toman decisiones públicas con sustento científico.

La UAT lo entendió a tiempo.

Y al fortalecer esta área, no sólo consolida posgrados e investigación de alto nivel, sino que abre la puerta a una universidad más vinculada con la realidad, donde estudiantes y docentes participan en proyectos que sí dejan huella, más allá del aula y del papel.

Mientras otras instituciones se quedan en el discurso, la UAT reconfigura su estructura para responder al presente.

Porque quien entiende el territorio, entiende el futuro.

Y en Tamaulipas, ese futuro ya se está trazando… con ciencia, datos y visión universitaria.

NI EL FRÍO PUDO CON EL PUEBLO…

Ni el termómetro a la baja, ni el viento helado fueron pretexto. Cuando el pueblo quiere salir, sale, y este domingo quedó más que claro en Matamoros. El Candelaria Fest 2026, impulsado por el alcalde Beto Granados, ya se celebró y lo hizo con un éxito rotundo: la Plaza Hidalgo lució a reventar.

Desde temprano, familias completas respondieron a la convocatoria del Gobierno Municipal de Matamoros, convirtiendo el corazón de la ciudad en un punto de encuentro donde la tradición le ganó al clima. Más de 27 mil tamales —de puerco, picadillo, frijoles, verduras y dulces— fueron el mejor pretexto para demostrar que la identidad matamorense se defiende con presencia.

Lo que ocurrió este domingo no fue solo una verbena más. Fue una postal clara de cómo se construye comunidad: música en vivo, ballet folclórico, sabores de casa y un ambiente familiar que ni las bajas temperaturas lograron enfriar. La gente llegó, se quedó y disfrutó. Punto.

Y aquí el dato político-social que no pasa desapercibido: cuando hay organización y contenido, la ciudadanía responde. El Candelaria Fest se inscribe con fuerza en las celebraciones del Bicentenario, no como discurso, sino como experiencia compartida en el espacio público.

Matamoros habló con hechos este domingo.

El frío apretó, sí…

pero la Plaza Hidalgo se llenó.

Porque cuando hay tradición, identidad y convocatoria, el pueblo no se queda en casa.