Rutinas y quimeras
Clara García Sáenz

El furor se apoderó de la clase política tamaulipeca desde el momento en que se supo
que Claudia Sheinbaum vendría a Tamaulipas; nadie sabía a qué ni cuál era el
itinerario, hasta que finalmente se dio a conocer, horas antes de su arribo, que
recorrería Tampico, Reynosa y Nuevo Laredo. A tropel, los funcionarios con sus
achichincles viajaron hasta el puerto para perseguir a la presidenta de México hasta la
frontera, esperando el momento para tomarse la foto. De pena ajena fue ver a la clase
política metida en uno corral orillero aplaudiendo a raudales en Reynosa, no en primera
fila porque en esta ocasión, esa fue reservada para el pueblo.
Sin embargo, algunos desesperados por conseguir la selfi, se las ingeniaron para estar
por donde pasara Claudia y casi con arañazos pedirle la tan ansiada fotografía, como
prueba de su “legitimidad política y cercanía con la presidenta”. Así, algunas figuras
políticas treparon las vallas, se subieron a las sillas y se estiraron lo más posible para
importunar a la Presenta cuando pasaba por ahí, perdiendo toda compostura, como si
la selfi les salvara de sus pecados de omisión que cometen con los ciudadanos, con
sus electores, con el pueblo al que ignoran desde sus curules.
Confinados en un corral, gastaron esfuerzo y energía por una foto, un segundo
de gloria a un lado de la presidenta, para después exhibir su selfi en redes sociales
como un trofeo, una distinción, un triunfo y simular que son cercanos a Claudia.
Poniéndolos lejos de una realidad que no entienden, ni comprenden de qué va la

Cuarta Trasformación y andan arrastrando la miseria y los vicios de regímenes
pasados. La anécdota se la lleva la silla que por órdenes presidenciales pusieron en
uno de los actos realizados en Reynosa, donde la mezquindad, el jaloneo y la torpeza
política ocuparon los titulares. Nadie supo cuál fue el mensaje del gobernador, nadie se
enteró qué dijo cuando fue interrumpido para que el presidente municipal de Reynosa
subiera al estrado por invitación de Claudia.
Ni los panistas en su inexperiencia y maldad se atrevieron a tanto; y los priistas
jamás hubieran cometido un error de esos, ellos que eran expertos en el protocolo y en
cuidar las formas. Pero la enferma vocación de complotar contra alguien que no es de
su agrado hizo que el gobernador fuera quien quedara mal ante la presidenta al negarle
un espacio al edil reynosense en el presídium. La verdad es que, con lo visto y vivido
en la gira del anterior fin de semana, podemos pensar que la “nueva clase política” de
Tamaulipas, es un raro amasijo de priistas fracasados, (esos que nunca estuvieron en
la primera fila de privilegios).
Resucitados políticos que tienen un segundo aire, personajes que le apuestan a
la amnesia política y esa nueva pléyade que no saben qué significa ser de izquierda o
derecha, que se han subido al carro de MORENA siendo neoliberales y no están
dispuestos a renunciar a los privilegios que les da ser diputados o senadores. Pareciera
como si la Cuarta Trasformación no hubiera llegado aún a Tamaulipas, sólo cambió el
nombre del partido que gobierna, pero la clase política sigue siendo la misma o por lo
menos igual a las anteriores; y mientras el cambio viene lento, los políticos juegan a las
sillitas intentando brincarse los corrales.
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