DE PRIMERA …………LA DAMA DE LA NOTICIA
POR ARABELA GARCIA……
Matamoros: El peso de dos siglos y la deuda con el honor
Este 28 de enero no es un día más en el calendario. Matamoros cumple 200 años y, al hacerlo, nos recuerda que la grandeza de una ciudad no se improvisa; se construye a sangre, fuego y una persistencia que raya en lo imposible. Lo que hoy pisamos es el resultado de una lucha social, política y económica que ha tomado dos siglos moldear. Es el sedimento de quienes llegaron y de quienes se fueron, de migrantes y oriundos que dejaron, a veces, apenas un «grano de mostaza» de esfuerzo. Pero en la historia, ningún grano es pequeño: cada acción es un eslabón, y cada eslabón roto es un retraso que nuestra gente ya no puede permitirse.
Hoy fue un día de contrastes necesarios. Por un lado, el protocolo y la algarabía; por otro, el silencio de la reflexión. Vimos al Cabildo en pleno, sonrientes en las fiestas y presentes en la sesión solemne. La foto es histórica, sí, pero la historia es una jueza implacable que no se conforma con imágenes. A esos síndicos y regidores que hoy firmaron el libro de honor, el pueblo los observa. No basta con ser «levantadedos» en una ceremonia bien producida; el cargo es una misión, no un adorno. Deben entender que el mismo pueblo que los puso ahí, les demandará si su paso por el poder fue para sumar o para «rasurar» el crecimiento de esta tierra. No volteen la cara a la crítica; sean empáticos con el momento que les toca vivir. La historia no los juzgará por su asistencia a un concierto, sino por su capacidad de ser eslabones fuertes en esta cadena llamada Matamoros.
La develación de la placa y la cápsula del tiempo son símbolos de lo que queremos dejar al futuro, pero el verdadero legado de este Bicentenario se selló con un anuncio doloroso y necesario. El alcalde Alberto Granados ha hecho justicia a la memoria al anunciar el «Muro de Honor». No podemos celebrar 200 años de ser «Heroica» sin honrar a los héroes de carne y hueso que perdimos hace apenas unos días.
El sacrificio del Comandante Osvaldo Javier Cedillo López, y de los jóvenes Ángel Gustavo Acuña y Carlos Emmanuel Hernández —quien con apenas 18 años ya servía a su ciudad—, es el recordatorio más crudo de lo que significa el deber. Ellos no murieron en una batalla de 1846, murieron en el 2026, defendiendo nuestra integridad en el incendio de Finsa. Que el 23 de enero sea, a partir de ahora, un homenaje anual, es el acto de madurez política que la ciudad necesitaba. Un gobierno hace historia cuando reconoce que su mayor tesoro es su gente.
Matamoros es el escudo y la puerta de México. Hemos pasado del algodón a la maquila, de las invasiones extranjeras a los reacomodos globales, siempre con un corazón indomable. Pero hoy, al cerrar este día histórico, la reflexión debe ser profunda: ¿Qué grano de mostaza estamos aportando nosotros? La identidad matamorense se mantiene firme ante las crisis, pero solo crecerá si quienes nos dirigen comprenden que su firma en el libro de la historia se escribe con trabajo real, no con tinta de protocolo.
Felicidades, Matamoros, por tus 200 años. Que el honor de los caídos y la exigencia de los vivos sean la brújula para los siglos que vienen.
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