Columna Opinión Económica y Financiera.

Dr. Jorge A. Lera Mejía.

En una gira de dos días por Tamaulipas, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y el gobernador Américo Villarreal Anaya desarrollaron una agenda intensa que combinó vivienda social, apoyos al bienestar e infraestructura estratégica, y que tuvo como momento culminante la puesta en marcha de la Agencia Nacional de Aduanas de México en Nuevo Laredo, proyecto de alto impacto que se había venido retrasando y que hoy finalmente se inaugura como sede central del sistema aduanero en la frontera norte.

Esta decisión no sólo destraba una obra largamente esperada; también envía una señal política y económica de que Tamaulipas vuelve a colocarse en el centro del rediseño logístico del país, articulando comercio exterior, seguridad fronteriza y recaudación fiscal en uno de los corredores más dinámicos de América del Norte.

La nueva plataforma aduanera se enlaza con una cartera de proyectos que empieza a dibujar un cambio estructural en la vocación económica del estado.

El futuro Puerto Seco y la Aduana Interior en la capital, pensados como nodos intermodales que conecten el flujo carretero y ferroviario con los tráficos fronterizos, darán a Ciudad Victoria un papel que por décadas le fue esquivo: convertirse en cerebro logístico y administrativo del territorio, y no sólo en sede burocrática.

A ello se suma el nuevo puerto marítimo–petrolero de Matamoros, llamado a aprovechar la vecindad con los yacimientos del Golfo y la plataforma energética de Texas, creando un eje portuario complementario con Tampico y Altamira que fortalece la presencia de Tamaulipas en los mercados globales de hidrocarburos, manufacturas y carga contenerizada.

En este entramado, la red de los 17 puentes internacionales de Tamaulipas deja de verse como una suma de cruces aislados para entenderse como un sistema integrado de movilidad, comercio y servicios logísticos de alto valor agregado.

La modernización de sus instalaciones, la ampliación de carriles de carga, el uso de tecnologías de revisión no intrusiva y la coordinación binacional en seguridad y facilitación comercial pueden convertir estos cruces en verdaderas puertas inteligentes al mercado de Estados Unidos.

El anunciado ferrocarril de carga y pasajeros hacia Laredo, por su parte, introduciría un componente clave de diversificación modal, reduciendo costos de transporte, mitigando el impacto ambiental del autotransporte y acercando a la población a una opción de movilidad más segura y eficiente.

La suma de estos proyectos perfila a Tamaulipas como el primer gran Hub Logístico y de Movilidad del noreste de México, apuntalado por la presencia indiscutible de los puertos de Tampico y el de Altamira como el primer gran Polo del Bienestar para el desarrollo del Golfo de México.

No se trata solo de mover mercancías más rápido, sino de anclar cadenas de valor, parques industriales, clústeres energéticos y servicios especializados en torno a esta nueva infraestructura. Si se acompaña con políticas de vivienda social digna, programas de apoyos directos a las familias y una estrategia de formación de capital humano en los sectores clave, el estado tendrá la posibilidad de traducir el auge logístico en empleos formales, mejor salario y reducción de desigualdades regionales.

Con este andamiaje de infraestructura dura y política social, Tamaulipas reúne de nueva cuenta las condiciones para convertirse otra vez en un «gran motor del desarrollo nacional» en los siguientes años.

La tarea inmediata será asegurar que estos proyectos se ejecuten con transparencia, visión de largo plazo y participación de las comunidades, para que el nuevo ciclo de crecimiento no se quede en cifras de inversión, sino que se sienta en las colonias, los ejidos y las ciudades fronterizas donde se juega, en lo cotidiano, el verdadero sentido del desarrollo con bienestar.