Dr. Adán W. Echeverría-García

Finalizaba noviembre, me puse muy grave, entré al hospital quizá el día 17 de noviembre, y aunque me escapé del hospital, no alcancé la mediana recuperación hasta cerca del 22 de diciembre de 2025. Más de un mes en el que estuve mal, muy mal. Fue justo en noviembre de ese año, cuando concluía un cuatrimestre más. Había que subir calificaciones en el sistema. Por estar incapacitado me era imposible asistir a la escuela, así que les pedía a mis alumnos, mediante las plataformas que para ello teníamos disponibles, la entrega de trabajos. Intenté ir la escuela, me era imposible. Solo asistí a entregar calificaciones del tercer parcial, para que los alumnos supieran quienes tendrían que presentar un examen de regularización que, aprobando con la mínima calificación, 7, podían aprobar la materia, y no tener que realizar un curso de reforzamiento el siguiente cuatrimestre para poder acreditar.

En esas convalecencias estaba, cuando se nos giró la instrucción vía coordinadores: “Esto dicen de rectoría: todos tienen que pasar, hagan lo que sea para que todos aprueban la materia, nadie puede reprobar”. ¿Qué había detrás de esa instrucción, de esa orden? Había que sumar a esa instrucción otras parecidas: “Quienes asistan a la carrera, tendrán puntos extra; pero tienen que comprar la camisa, y pagar su inscripción a la carrera”. Los alumnos pagan inscripción, pagan camisa y kit de la carrera, y los docentes tienen que darles puntos extra sobre la calificación final, ergo, los alumnos están comprando sus calificaciones.

Y si además saben que no van a ser reprobados, pues es lógico que las canchas estén llenas de chicos, que la cafetería cuente con una rockola a todo volumen, que tenga una televisión; total, qué importa la escuela, la instrucción que viene de rectoría es que todos los estudiantes aprueben sin cumplir con los requerimientos de la materia.

Los coordinadores corrían arreando a sus maestros al centro de cómputo, era necesario enseñarles a usar el sistema, a verificar qué alumnos deben una, dos, tres materias; era necesario que todos, sin excepción, asistieran a capacitarse, o tendrías que recibir la furia de la rectora, porque ella lo tiene muy claro: “Todos los alumnos tienen que aprobar sus materias, no puede haber reprobados; los números de la matrícula de inscripción y de fin de curso no puede variar, tienes que ser la misma”.

Y claro, esas matrículas representan ventas de boletos para el transporte, porque eso sí, los estudiantes cuentan con camiones que los llevan y los traen de la universidad, y que rigurosamente tienen que pagar el boletaje. Tienen que consumir en la cafetería; notas periodísticas indican que la concesión de la misma es de la pareja de la rectora; eso es lo que dicen, búsquele usted, apreciable rector.

“Todos tienen que aprobar las materias.” Y los alumnos ya, libres de ataduras, son capaces ya de decírselo a los docentes: “total, no me puedes reprobar”. El alumnado cree que tiene el pase libre, que no importa si no se inscribe, le pueden hacer un convenio de pago, para inscribirse justo cuando el cuatrimestre va a terminar; no importa que el docente tenga que cambiar una y otra vez las asistencias, modificar el porcentaje. Ya que de la orden de “que todos tengan 10” se oye por los pasillos.

Pero todos hacen mutis, nadie quiere contradecir, nadie quiere perder el empleo, todos tienen que estar muy sonrientitos, porque la rectora es linda, es agradable, es dulce, siempre reparte bendiciones a dios, siempre señala que las puertas de la oficina están abiertas, lo que no están abiertas son las plazas que sigue reteniendo, para días mejores. Esa es la educación que se presenta.

Contra todo eso, la mayoría de los docentes cumplen con ganarse el sueldo, aun cuando tengan que tener un trabajo extra para que les alcance; y una gran mayoría de estudiantes sabe sacarle provecho a los docentes que sí pretenden enseñar. Pero los alumnos que quieran navegar de muertito, pues esta es la universidad ideal, en la que, por conservar la matrícula, nadie jamás reprobará. ¡Así la educación en México!