Golpe a golpe
Por Juan Sánchez Mendoza
El sistema de partidos que opera en nuestro país, muestra las tendencias político-ideológicas más diversas.
Pero igual evidencia fracturas interinstitucionales de gravedad, por la disputa de espacios entre sus grupos internos que, sólo de dientes hacia afuera, atienden los postulados y principios de cada membrete.
La representación de la derecha (radical y moderada), corre a cargo del Partido Acción Nacional (PAN); la vertiente del centro es abanderada por el Revolucionario Institucional (PRI); y la expresión de izquierda, con variados matices, la encabezan Movimiento Regeneración Nacional (morena) y el Partido del Trabajo (PT)
Se supone que Movimiento Ciudadano (PMC) es de centro progresista y, el Verde Ecologista de México (PVEM), da bandazos, pues en ocasiones se alinea con la izquierda y a veces da la apariencia de ser de centro
Igual se supone que los seis partidos registrados ante el Instituto Nacional Electoral (INE), tal como lo establece la reglamentación oficial, tienen la obligación de difundir puntualmente sus perfiles.
Esto a fin que los militantes y ciudadanos (en general) conozcan los documentos básicos de cada membrete –al que están involucrados o es de sus simpatías–, pues ello permitiría enriquecer la cultura cívica y, por supuesto, acabar con el lastre que genera el analfabetismo político, que, lamentablemente, crece al mismo ritmo en que se preparan las nuevas generaciones de los individuos que aspiran al poder.
Obligación desatendida
En estricto apego a la legalidad, los partidos políticos deben impulsar la democracia hacia el interior como en el quehacer público, garantizar las libertades, animar la pluralidad, configurar un estado más justo y equitativo, promover el desarrollo, brindar posibilidades de expresión y participación a la gente, garantizar el empleo, la salud, seguridad, etcétera.
Los distinguen las estrategias y tácticas utilizadas para arribar al poder o conservarlo, y, desde luego, el segmento de la sociedad por el cual han decidido tomar parte y cuyos intereses dicen defender.
Así, un partido que se inclina a favor de los grupos privilegiados y defiende la propiedad privada, la libre competencia del capital y la explotación de la mano de obra, puede ser tipificado como de derecha.
En contraparte, las organizaciones que se identifican con los trabajadores, la propiedad pública y buscan mejorar las condiciones de vida de las grandes mayorías, estarían considerados en el ala izquierda.
El llamado centro, o justo medio, se supone que retoma los modelos de uno y otro bando para así tratar de mantener el equilibrio; acepta la existencia de un régimen de economía mixta y, por supuesto, justifica la lógica empresarial y dinámica del mercado, pero busca que haya una adecuada repartición de la riqueza que genera toda actividad económica bien conducida.
En general, éste es el esquema en el que los partidos enmarcan su origen y funcionamiento.
Por supuesto que no hay fórmulas ni reglas que se sigan al pie de la letra.
La coincidencia y característica en todo caso, es que los partidos en nuestro tiempo son flexibles y pragmáticos.
Buscan el éxito a como dé lugar, sin importar ideología o principios.
Lo que sirve y es útil a la causa resulta bienvenido.
De ahí que las actitudes, valores e ideología pasen a un segundo o tercer plano.
Poco importa el debate y la contraposición de proyectos.
Más bien se privilegia la imagen y la personalidad de sus dirigentes y en algunos casos de sus cuadros más destacados.
Bajo esta tesitura, es común observar en las coyunturas electorales cómo los políticos, los líderes sociales y de opinión, brincan de un bando a otro por la inercia de la jugada y con el ánimo del triunfo.
Escenario atroz
Ésta es la triste situación de los nueve partidos que en 2027 participarán en el proceso comicial para elegir 17 gobernadores, 300 diputados federales, 96 senadores, cualquier cantidad de diputados locales y más de mil 500 ayuntamientos.
Como fuere, hacia el interior de éstos partidos sucumben la mística y la vocación de servicio.
Y es que, lo que motiva a quienes estos membretes usufructúan, es mantenerse vigentes y conservar el poder o acceder a éste a como dé lugar.
Los principios, los valores, la ideología… ¿qué es eso?
Ya ve usted que nada importan, para los vividores de la democracia.
Correo: [email protected]
…