#DESDELAFRONTERA
POR #PEDRONATIVIDAD
Cuando se es gobernante, no basta con tener visión. La visión sin astucia se queda en maqueta, en discurso bonito, en render que nunca ve la luz. Y eso Carmen Lilia Canturosas lo entiende bien. Muy bien. Ella no solo ve, también sueña. Pero luego baja el sueño a tierra firme, analiza, observa, pone, quita, vuelve a poner… y al final crea.
No crea obras al ahí se va. No levanta elefantes blancos ni monumentos al ego. No apuesta a que el asombro de las obras esté en los millones invertidos, sino en lo que esa obra le deja a la gente. Porque la obra pública, cuando se hace con sentido, no se presume… se vive.
Hoy, en Nuevo Laredo, avanza a pasos firmes una de esas obras que no hacen ruido inmediato, pero que con los años se convierten en recuerdo entrañable. El nuevo Museo de Ciencia y Tecnología y Planetario no es solo concreto, acero y vidrio. Es una promesa. Es una puerta abierta al universo para miles de niñas, niños y jóvenes que podrán ver, tocar, crear y aprender lo que antes solo se soñaba.
Ahí habrá modernidad, futuro y tecnología. Un lugar donde los niños se asombren, los jóvenes se inspiren y los adultos, por qué no, vuelvan a sentir esa curiosidad que alguna vez tuvieron. Hasta los abuelitos, con los ojos brillosos, podrán mirar al cielo desde un planetario y recordar cuando mirar las estrellas era el único lujo nocturno.
Desde una de las zonas más altas de la ciudad, con una vista espectacular, el planetario en el sexto nivel tendrá capacidad para 52 personas y proyectará contenidos científicos inmersivos. Será único en la región. Un nuevo atractivo turístico, educativo y cultural. Diseñado con asesores y expertos en museografía, con equipamiento fabricado en México y Estados Unidos, pensado no para el aplauso inmediato, sino como legado educativo, cultural y social.
Pero lo verdaderamente poderoso no es lo que será. Es de dónde viene.
Porque ese museo y ese planetario nacen en un lugar que usted y yo conocemos desde siempre. Un sitio que vio caminar a nuestros abuelos cuando aún eran jóvenes. Justo ahí, donde se levanta el tanque elevado en el cruce de Maclovio Herrera y Benito Juárez, a un costado de la Presidencia Municipal.
Ese tanque que alguna vez almacenó y dio agua al centro de la ciudad. Que luego quedó obsoleto. Que terminó oxidado, con oficinas que no servían para nada y una fuente triste, de esas que nadie mira dos veces. Un lugar detenido en el tiempo. Un rincón que olía más a pasado que a futuro.
La primera idea fue simple, tírenlo, véndanlo como fierro viejo, construyan más oficinas. Borrón y cuenta nueva. Pero ese lugar tuvo suerte. Le tocó una presidenta con visión… y con astucia.
Carmen Lilia escuchó todo. “Tíralo”. “Véndelo”. “Constrúyele”. “Arréglalo”. Escuchó, analizó, miró y soñó. Y donde muchos solo veían chatarra y abandono, ella vio oportunidad.
Ese tanque viejo y oxidado, que nos recordaba al Nuevo Laredo de antes, cuando muy pocas colonias tenía luz, cuando no existían los celulares, ni soñar con wifi o redes sociales, el Nuevo Laredo donde pocos tenían el lujo de tener tele, ni ventiladores, mucho menos aires acondicionados, al Nuevo Laredo de nuestros abuelitos.
Ese Nuevo Laredo hoy está por viajar en el tiempo. Está por renacer y se convertirá en el tanque del futuro. En un espacio donde la ciencia, la tecnología y la imaginación se encuentren. En un símbolo de que el pasado no siempre se destruye, a veces se transforma.
Todo gracias a una mujer que, en donde muchos vieron pasado, ella vio futuro, Carmen Lilia Canturosas… ¿Qué, no?, NOS LEEMOS.
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