Dr. Fernando Arriaga Martínez
Desde que un servidor, tiene uso de razón, al mes de enero en México se le ha
denominado «cuesta», es un ascenso tortuoso tras los excesos de diciembre. Sin
embargo, este 2026 nos enfrentamos no ha una cuesta, sino a un acantilado. La
narrativa oficial insiste en una «estabilidad resiliente», pero los datos y el ticket del
supermercado cuentan una historia de terror distinta. Estamos ante una economía
que ha dejado de disimular sus fracturas.
Cada vez que un mexicano de clase media para abajo mete su mano al bolsillo lo
que recibe no es la desilusión de sentirla vacía, lo que recibe son quemaduras de
tercer grado.
La Inflación: El Impuesto de los Pobres que no Cede
Cerramos el 2025 con una inflación general que, en el papel, parece «controlada» y
que según el INEGI fue de 3.69%. Pero cualquier analista que camine por un
tianguis sabe que esa cifra es un consuelo de tontos. El verdadero demonio reside
en la inflación subyacente que según la misma fuente, se niega a bajar del 4.33%,
y más si tomamos en cuenta los precios de los servicios que siguen asfixiando a
los asalariados del país.
La realidad cruda es que el Banco de México ha agotado gran parte de su arsenal.
A pesar de que la tasa de referencia bajó durante 2025 hasta situarse en un 7 %,
el costo de la vida no ha seguido esa trayectoria descendente. ¿Por qué? Porque
México está importando costos. Entre los ajustes al IEPS en refrescos, cigarros y
gasolinas, y un entorno global volátil, el poder adquisitivo del peso es hoy una
sombra de lo que fue hace apenas tres años.
Para el mexicano de a pie, la inflación no es un porcentaje en una gráfica del
INEGI; es la decisión de dejar el kilo de carne en el mostrador para poder
completar el de tortillas. Es el aumento del 20% en productos básicos que las
empresas trasladan al consumidor para no quebrar. En 2026, comer sano en
México se ha vuelto un lujo de élite.
La teoría marca que si la tasa de interés bancaria baja, el circulante sube en las
calles y por lo tanto los precios descienden, pero en este “nuevo” México, los que
manejan el dinero son la clase alta que se mueve en otros niveles y latitudes. Por
ende los precios no sufrirán mayores variaciones.
Un Crecimiento de «Mírame y no me Toques»
Las proyecciones para este año son, por decir lo menos, mediocres. Instituciones
como el Banco Mundial y Goldman Sachs han ajustado sus expectativas de
crecimiento para México a un raquítico 1.3%. Tras un 2025 donde la economía
apenas se movió un 0.4%, este avance no es crecimiento; es inercia.
Estamos atrapados en la trampa del bajo dinamismo. La inversión fija bruta
permanece en terreno negativo y la sombra de la revisión del T-MEC actúa como
un ancla para cualquier capital extranjero que pensara en el nearshoring. El
optimismo de años anteriores se ha evaporado, sustituido por una cautela que
raya en la parálisis.
«La economía mexicana no está generando las plazas formales necesarias. La
informalidad ya no es una opción, es el único refugio para millones, pero es un
refugio sin seguridad social, sin ahorro y sin futuro.»
El Deterioro del Tejido Financiero Familiar
Lo más alarmante de este arranque de año es el estado de la deuda en los
hogares. En la última década, la deuda pública por habitante prácticamente se
duplicó, alcanzando los $137,475 pesos por persona. Pero la deuda privada es la
que está rompiendo espaldas.
Los créditos personales y los saldos vencidos en tarjetas de crédito han mostrado
repuntes reales cercanos al 50%. Las familias mexicanas financiaron su
supervivencia en 2025 con plástico, y ahora, con las tasas de interés aún elevadas
en términos reales, los intereses están devorando los ingresos. No es solo que el
dinero alcance para menos; es que gran parte del ingreso ya está comprometido
antes de recibirse.
Los Retos Ineludibles: Inseguridad y Energía
No podemos hablar de finanzas sin tocar la llaga de la inseguridad. El «impuesto
criminal» (la extorsión y el cobro de piso) ya es una variable macroeconómica que
infla los precios de los alimentos desde la huerta hasta la mesa. Si a esto
sumamos una infraestructura energética que cruje —donde la falta de generación
eléctrica frena la llegada de nuevas industrias—, el panorama es de un
estancamiento estructural.
El gobierno enfrenta un dilema de hierro: mantener la disciplina fiscal para no
perder el grado de inversión o gastar para evitar que la paz social se deteriore aún
más. Con un costo financiero de la deuda que ya absorbe el 4.1% del PIB, el
margen de maniobra es inexistente.
La Hora de la Verdad
El 2026 será recordado como el año en que México tuvo que dejar de vivir de la
inercia del pasado. La economía no se arregla con decretos ni con discursos
optimistas en las mañaneras. Se arregla con certeza jurídica, inversión en capital
humano y una lucha frontal contra la erosión del bolsillo ciudadano.
La realidad es cruda: somos una economía de bajo crecimiento, alta precariedad
laboral y una inflación que, aunque «baja» en las gráficas, sigue vaciando las
alacenas. El despertar de este sueño estadístico va a ser doloroso, y el costo lo
pagarán, como siempre, quienes menos tienen.
PD. No es mala la propuesta de Loret de Mala que la Máxima Autoridad
aproveche la coyontura y se lave la carita, ante los embates que ya estén en
puerta.
Gracias.