DE PRIMERA… LA DAMA DE LA NOTICIA
Por Arabela García | 14 de enero de 2026
¡Qué tal, mis amigos! ¿Cómo me los trata este enero? Aquí nos tienen de nuevo, dándole a la tecla porque calladitos no nos vemos bonitos. Fíjense que estaba pensando, mientras me echaba un cafecito para dormir (porque con estas noticias ni el sueño concilia uno), en este México nuestro que dicen que es «colorido». Y sí, es re-lindo por su comida y su gente, pero la verdad sea dicha, ya nos lo pintaron de rojo. Entre secuestros, las mentadas cuotas que ya no dejan ni para las tortillas y los feminicidios, el color que predomina es el de la sangre que corre por nuestras calles.
Y claro, ahora sale el secretario Harfuch a moverle al avispero, pero entre más le rasca, más pestilencia sale. ¿Cómo quieren erradicar un mal que el mismo gobierno dejó que se enquistara? Miren nada más lo que pasó en nuestro Tamaulipas hace más de 27 años; ahí empezó la siembra de este monstruo de mil cabezas que hoy nos tiene con el Jesús en la boca.
Hablando de «joyitas», ¿ya supieron lo de Tomás Yarrington? Pues resulta que nuestro exgobernador ya consiguió un amparo para que no le den formal prisión por delitos contra la salud. ¡Qué suerte tienen los que tienen poder! Una magistrada en Monterrey salió con que hubo fallas en el proceso… total, que la ley para los grandes parece de chicle, se estira a su favor, mientras que para el ciudadano de a pie, la ley está guardada en un cajón o la tienen «remojando» a ver si se les olvida.
Justicia de aparador y el relevo que viene
Por eso a muchos mexicanos les da gusto cuando el Trump empieza a gritar y amenazar. Está mal, yo sé, deberíamos arreglar nuestros propios problemas, pero la gente ya se cansó de gritar y que nadie la escuche. Las muchachas van a la Fiscalía —esa que ya sabemos que solo sirve de adorno— y las lacras que las golpean siguen libres, burlándose de todos.
Por eso, para el 2027, más vale que Morena no nos quiera dar gato por liebre. Necesitamos candidatos que no tengan la cola tan larga, gente que no se dedique a operar bandas. Queremos caras que den confianza, porque sí hay gente buena, lo que pasa es que a veces los tapan los de siempre.
Y hablando de caras conocidas, el miércoles estuvimos en el cumple de la colega Nora Sandoval, la mera mera del periodismo por estos rumbos. Ahí andaban las hermanas Tina y Adriana Lozano. Adriana dice que anda muy metida en sus negocios de salud, pero el chisme en la mesa es que ya le echaron el ojo para relevar a Beto Granados. Ella no dice que sí, pero tampoco dice que no… y ya saben que, en política, «el que calla, otorga». Habrá que ver si su paso por las finanzas le dejó el ahorro suficiente o si las cuentas pendientes le van a amargar el jarabe.
La realidad no cabe en un eslogan
Para rematar el cuadro, resulta que Andy López Beltrán, el heredero del «segundo piso», salió con que México está en el top de los países más felices del mundo gracias a la 4T. ¡Vaya descaro! Ha de ser muy fácil ser feliz cuando se vive en una burbuja de privilegios, mientras al resto de los mortales nos toca esquivar balas y estirar el gasto para que alcance para el huevo.
Supongo que se refiere a la «felicidad» de las madres que buscan a sus hijos o a la «alegría» del comerciante extorsionado. Pero lo más pintoresco fue la respuesta de «Alito» Moreno, que le soltó un: «No seas estúpido y cínico». ¡Vaya! El burro hablando de orejas. Que «Alito» te llame cínico es como si el diablo te regañara por pecador, pero esta vez el campechano le dio al clavo: decir que somos felices es una bofetada a la realidad.
Mientras Andy vive en su «Disneylandia» cuatroteísta y «Alito» busca los reflectores que ya perdió, el pueblo sigue aquí, aguerrido y rebelde, pero harto de que nos quieran vender espejitos. ¿Somos felices? Somos sobrevivientes, que es muy distinto. Si el «aparador» para el 2027 va a estar lleno de gente que cree que somos felices mientras el país se desmorona, pues mejor que apaguen la luz y se vayan. Matamoros y todo México merecen respeto, no cuentos de hadas contados por quienes nunca han pisado el lodo.
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