LOS HECHOS
POR José Inés Figueroa Vitela

Lo más fuerte de la guerra que el vecino del norte desató contra nuestro país, lo vivimos en
Tamaulipas entre el 2010 y el 2014.
Fue cuando estalló lo que allá a se llamó “rápido y furioso” y acá significó desatar una guerra
de guerrillas que signifó el derramamiento de sangre mexicana a raudales y el asalto a la paz
pública y las actividades económicas particulares.
El gobierno extranjero entregó armas y hasta numérico a las bandas que les surten drogas para
su pueblo, avituallándolas, además, con delincuentes violentos extraídos de sus penitenciarías
que por esas fechas fueron “regresados” -muchos. Sin ser mexicanos- por los puentes
internacionales tamaulipecos, sin avisar a las autoridades locales.
Por ese tiempo fue común que hasta en el centro y sur del Estado, los victimarios de delitos
como asalto y secuentro en carreteras, que se volvió común, hablaran con acentos
desconocidos, “españinglish” y había hasta quienes no hablaban el español.
Los cabecillas de las bandas y sus operativos, presumían joyas y fajos de billetes en efectivo
en los grandes centros comerciales, allende El Bravo, con absoluta libertad, por no llamarle
impunidad.
Las risas con las que fueron presentados y conducidos ante los medios los grandes capos de la
época, resultaron ofensivos e incomprensibles para la opinión pública mexicana; luego resultó
que eran ciudadanos norteamericanos y no faltaron las versiones de que trabajaban al servicio
de “su gobierno”.
Por eso, ahora que a raíz de la incursión en Venezuela, para capturar a su Presidente, se habla
de que México sigue en la agenda intervencionista del gobierno trumpista, presagio de guerra
entre ambas naciones, hay quienes ya no se sorprenden.
La historia marca que quienes mueven los hilos del poder en el vecindario norte han metido las
manos desde la época de la independencia, en la reforma, la revolución y fue preámbulo, el
movimiento desestabilizador aquel, a la instauración de lo que ha sido denominado La Cuarta
Transformación.
Aunque hubo mucho de aquello que vino de fuera, ese solo fue el detonante para que la guerra
a México se hiciera entre mexicanos, usando a los reclutas de la delincuencia organizada para
combatir entre ellos, pero también contra las fuerzas armadas del país.
Ciertamente, reza el himno nacional, que “el Cielo, un soldado en cada hijo” dio a la patria
nuestra, pero habla del caso en que “osare un extraño enemigo profanar con sus plantas tu
suelo”.
No defendemos a NICOLÁS MADURO, ni a los capos, ni a los grupos que sirven al narcotráfico
y el terror, convertido en cobro de cuotas y extorsiones para arrebatar el patrimonio e inhibir las
actividades productivas de quienes se dedican a trabajar.
Evidentemente, tampoco sus actividades están en el interés que no pregonan quienes ordenan
y ejecutan las acciones intervencionistas.
A Venezuela, antes de ejecutar la captura y extracción de su Presidente, ya la opinión pública
internacional sabía, advertía, proclamaba, que el gobierno trumpista iba por los hidrocarburos.

Para México, resulta por demás extraño que pretendan que van a combatir el terrorismo,
porque realizan las actividades que ellos les patrocinaron, instruyeron, orientáron, vendiéndoles
y capacitándoles sobre -lo que no les regalaron con el “rápido y furioso”-, equipo bélico, armas
de alto poder y drones de uso letal contra humanos.
Y todo, según ellos, para impedir que entren las drogas, cuyo consumo ellos mismos alentaron,
induciéndolas desde sus cuerpos armados y promovíéndolas a través de los medios masivos
de comunicación propios, empezando por el cine, como un instrumento de control más.
En, y desde, el vecino incómodo, se producen y exportan drogas a muchas partes del mundo.
Las metanfetaminas y el dañino en extremo fentanilo, empezó como un medicamento
autorizado por las autoridades sanitarias en ese país, en un esquema de corrupción múltiple.
Luego entonces, suena a excusa, pretexto, los argumentos que andan esgrimiendo,
asumiéndose como la policía mundial.
No les bastó la guerra 2010-2014 inducida entre los mexicanos.
El resurgimiento de la patria con los nuevos gobiernos parece ir en contra de los afanes
históricos imperialistas de sometimiento y socavación.
Igual los vende-patrias no han dejado pasar la oportunidad de mostrar su rostro.
Los del pasado están remitidos al lugar que les corresponde en la historia; los de ahora, ya los
estamos conociendo.