No fue solo una rosca partida ni una ceremonia de buenos deseos. El encuentro de la comunidad EXATEC Victoria para dar la bienvenida a 2026 dejó ver algo más profundo: una red que sigue viva, activa y con vocación de influencia social.

En un país donde la fragmentación y el desgaste institucional suelen imponerse, la reunión encabezada por Ángel Ríos, presidenta de EXATEC Victoria, mostró la otra cara del desarrollo: la que se construye desde la identidad compartida, la memoria institucional y la responsabilidad colectiva. Ahí confluyeron trayectorias distintas, generaciones separadas por el tiempo, pero unidas por un mismo origen académico y un mismo lenguaje de compromiso.

Ex directores del Instituto Tecnológico de Ciudad Victoria, líderes sindicales, egresados consolidados y jóvenes empresarios de Tamaulipas, Nuevo León y Coahuila compartieron mesa y conversación. No fue un acto protocolario. Fue, más bien, un reconocimiento implícito de que la experiencia, cuando dialoga con la juventud, puede convertirse en motor de cambio.
En tiempos donde la palabra “unidad” suele vaciarse de contenido, el simbolismo de la Rosca de Reyes recuperó su sentido original: comunidad, corresponsabilidad y futuro. Cada participante representó una pieza de un engranaje mayor, uno que trasciende cargos y coyunturas para enfocarse en la construcción de oportunidades.

La presencia de distintas generaciones EXATEC evidenció que el verdadero capital no siempre está en los discursos ni en los reflectores, sino en la capacidad de mantenerse vinculados, de reconocerse y de caminar juntos aun cuando el contexto social es adverso.
EXATEC Reafirmó una convicción: que el desarrollo no se improvisa, se cultiva; y que las comunidades sólidas no se anuncian, se sostienen.
En ese gesto sencillo —partir el pan, estrechar manos, mirar hacia adelante— quedó claro que hay redes que no se rompen y proyectos que siguen creciendo, incluso lejos del ruido político, pero cerca de la gente.