Expediente
Azahel Jaramillo H.
¿Cómo están? Ahora que en las recién terminadas fiestas decembrinas los vinos, brandys, tequilas y cerveza se ubicaron en el centro de nuestras fiestas o que por lo contrario para nada tomamos ningún tipo alcohol, salvo quizá una cheve de «Cero Alcohol», es bueno abordar un poco acerca de la importancia sociológica del alcohol.
Para empezar debemos referir que el primer milagro de Jesús de Nazareth fue transformar el agua en vino en las bodas de Caná.
Ocurrió que Jesús, su madre María y sus discípulos fueron invitados a una boda en Caná. Ocurrió que se agotó el vino. Entonces María le pidió a su hijo Jesús que hiciera algo.
Jesús pidió que llenaran seis tinajas de agua, procediendo en convertir el agua en vino. Resultó que fue un vino buenísimo.
En los años 80tas, designado embajador de México en Canadá, el entonces famoso comentarista Agustín Barrios Gómez, en entrevista con El Universal dijo que cuando estuvo en ese trabajo de embajador con el presupuesto «complacía a personajes importantes de ese país, enviaba flores, enviaba vinos, en fin, usaba fórmulas de contacto personal muy útiles cuando se sirve a un país».
Y añadió: «Alguna vez oí decir a David Rockefeller que había hecho más negocios con un jaibol en la mano que con todas las reuniones en su oficina, sin que ello signifique que una cosa este reñida con la otra».
Por su parte, el ex Presidente de Francia, Valery Giscard d’Estaing, en su libro de memorias, traducido incluso al español, «El Poder y la Vida», cuenta, un par de cosas interesantes.
Que el número total de votos que obtuvo para acceder a la Presidencia de Francia lo mandó colocar en un rotulo que le recordaba en su oficina presidencial el número exacto de ciudadanos que habían votado por él, y en él confiaban.
Y que como estrategia de gobierno su personal le organizaba periódicamente comidas o cenas en hogares franceses dispersos por todo el país, con gente de diversa condición. Y explica en su libro: Busqué mediante este procedimiento mantener contactos directos de lenguaje familiar, con el fin de no dejarme encerrar, atrincherar en el aislamiento activo del poder. Es necesario acercarse a las personas. Siempre estamos demasiado lejos de ellas. Para ellas estamos gobernando. Siempre estamos demasiado lejos de ellas. Hay que conocerlas más y mejor. El tercer vaso de vino hace más que liberar las lenguas que el hecho de haber compartido la enseñanza en una escuela superior. Con estas reuniones, aunque solo fuese durante una cena, quise abolir la distancia demasiado ancha que separa en nuestro país el poder y la vida».
Y digo yo: «Los borrachos y los niños siempre dicen la verdad». ¿O cómo era?
Valery Giscard gobernó Francia de 1974 a 1981. Fue electo a los 48 años, siedo el presidente más joven,entonces, de la Quinta República.
De avanzada en su momento este Presidente permitió el divorcio por consentimiento mutuo, legalizó el aborto, redujó la mayoría de edad (de los 21 a los 18 años), amplió la seguridad social para cubrir a todos los franceses, así como promovió la moderrnización económica y la integración europea.
Y con todo y que promovía el alcohol murió Don Valery en diciembre de 2020 a los 94 años de edad. ¿Todo con medida?
¿A los gobernados hay que escucharlos? NOS VEMOS.