#DESDELAFRONTERA
POR #PEDRONATIVIDAD
Hay presupuestos que hacen ruido metálico, como riel golpeando riel. El del 2026 es uno de ellos. Miles de millones de pesos avanzan sobre vías férreas y, aunque el mapa es amplio, hay un punto que empieza a brillar con luz propia en el norte del país… Nuevo Laredo.
La información, publicada por el periódico Zócalo de Coahuila, no deja lugar a dudas. El dinero público ya eligió destino y los trenes son la joya de la corona. La SICT, con una chequera de 153 mil millones de pesos, decidió apostar fuerte por los proyectos ferroviarios. Tan fuerte, que seis de cada diez pesos del ramo terminan concentrados en un solo organismo, la Agencia Reguladora del Transporte Ferroviario. Centralización pura, sin rodeos.
¿Y para qué tanto riel? Para conectar poder, comercio y territorio. Ahí aparece el corredor Saltillo–Monterrey–Nuevo Laredo, un proyecto que ya dejó de ser promesa y entró en fase quirúrgica, obras simultáneas, ingeniería de detalle, liberación de derechos de vía. No es discurso, es maquinaria en movimiento. Nuevo Laredo deja de ser solo frontera y se perfila como nodo estratégico del nuevo mapa ferroviario nacional.
No es menor el dato. Nuevo Laredo no solo cruza mercancías, ahora también cruza decisiones presupuestales. El tren de pasajeros que se extiende hacia el norte no es un capricho romántico, es una jugada económica y política. Conecta al principal puerto terrestre del país con el corazón industrial de Nuevo León y el centro del país. Rieles que llevan desarrollo, pero también control y narrativa.
Mientras tanto, en el sur, la Marina sigue empujando el Corredor Interoceánico con miles de millones más. Importante, sí. Estratégico, también. Pero en esta historia, la nota no está en el Istmo, sino en el norte. Porque Nuevo Laredo aparece ya no como frontera final, sino como punto de partida.
El mensaje es claro, el dinero federal está marcando prioridades. Y cuando el presupuesto habla, la política guarda silencio… o toma nota.
Hoy los rieles no solo transportan trenes. Transportan poder, futuro y decisiones que marcarán regiones enteras. Y en ese trazo de acero, Nuevo Laredo ya va en primera clase.
NAVIDAD Y FIN DE AÑO SANGRIENTO
Mientras en las mesas se brindaba con sidra tibia y se partía el último pedazo de romeritos, en las carreteras de Tamaulipas se escribía otra historia. Una historia con sirenas, asfalto manchado y familias que arrancaron el año con luto.
Los números son fríos, pero el golpe es seco, alrededor de 30 personas fallecidas en accidentes carreteros del 1 de diciembre de 2025 al 4 de enero de 2026. Lo dice el propio secretario de Salud del estado, Vicente Joel Hernández Navarro.
Casi 100 accidentes en pleno periodo vacacional. Cerca de 200 personas atendidas, muchas de ellas canalizadas de emergencia a través del Centro Regulador de Urgencias Médicas. Y al menos 17 pacientes en código rojo, peleando la vida mientras el calendario cambiaba de número.
La pregunta incómoda flota en el aire como neblina sobre la autopista ¿era inevitable? Cada diciembre se repite la misma letanía. Operativos anunciados, recomendaciones recicladas, spots de “maneje con precaución”. Y, aun así, el saldo vuelve a ser rojo, como si la tragedia ya estuviera presupuestada.
No se trata solo de imprudencia al volante. También hay carreteras mal iluminadas, tramos abandonados, señalización fantasma y vigilancia que aparece más en boletines que en el camino.
Treinta muertos no son una estadística. Son treinta sillas vacías, treinta historias truncadas… ¿Qué, no?, NOS LEEMOS.
Comentarios: [email protected]