La Comuna
José Ángel Solorio Martínez
La derecha mexicana está de plácemes. Consideran como un triunfo suyo, le deposición y encarcelamiento del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. Hacen propia la victoria, con la esperanza de que ocurra lo mismo en México.
Hasta a la guadalupana han soslayado: hoy le rezan a San Donald.
De pena ajena, su entreguismo con el Tío Sam.
No se enfocan en la construcción de una política alternativa para derrotar democráticamente a la IV T y su Segundo Piso; no: eso requiere reflexión y mucho trabajo, es más sencillo esperar a que una fuerza extranjera haga sus tareas en su propio territorio.
Asesinan a un controversial líder social michoacano, que vengan las tropas de Trump a resolver; secuestran a un político, que el ejército norteamericano solucione; ante el aplastamiento electoral propinando en las urnas, que los soldados gringos, impongan la democracia en suelo mexicano.
Ni en vísperas de la visita de Maximiliano, hubo tanta algarabía en los sectores conservadores mexicanos, como ahora; los apátridas actuales son delirantemente más proimperialistas.
Las élites mexicanas, tienen justificaciones para mostrar su ideología: sus gigantescos privilegios son cotidianamente achicados, en un gobierno que proclama primero los pobres; pero…
… ¿el infeliciaje?
Probablemente sea el aspiracionismo de algunos sectores de la clase media. Sueñan con acceder a los escalones superiores de la pirámide social, a fuerza de hacer patente su solidaridad con los camajanes del dinero y de la política nacionales -y más con los extranjeros-.
Es muy probable que esos entes con su atavío de trans-clase -pobres que se perciben como ricos- vean como oportunidad de ascenso social el ejercicio onírico del pensamiento derechista.
Es ese el fracaso de la oposición desclasada.
Únicamente en la imaginación es exitosa.
Cree que el golpe a Maduro la fortalece.
Convencida está, que los gringos restablecerán el régimen de privilegios que tanto les agrada.
Aplauden las amenazas del imperio norteamericano, contra el pueblo y el presidente de Colombia, Gustavo Petro; otro líder de la izquierda latinoamericana, como si esa estrategia de Trump les incrementara sus consensos en la arena político-electoral mexicana.
Ingenuos.
Cándidos.
Ocurrió lo contrario: despertó a AMLO.
Para los escépticos conservadores, es un hecho irrelevante.
En próximas fechas, veremos a México y Andrés Manuel, irrumpir para brillar en el escenario internacional.