Opinión pública

Por Felipe Martínez Chávez
Cd. Victoria, Tamaulipas.- Este cuatro de enero -para algunos Día del
Periodista, para otros no), hagamos reflexiones sobre el ¿oficio?
¿profesión? al que nos hemos dedicado toda la vida productiva.
Hace 25 años encendimos alarmas al enteramos, con plena certeza, la
falta de profesionalismo que arrastraban segmentos del periodismo estatal.
En la globalización de medios se hablaba de colegización, superación
personal como punta de lanza hacia el nuevo periodismo, y aquí estábamos
en pañales con un autodidactismo negado a mejorar técnicas… Por falta de
voluntad!, que no capacidades.
Por aquellos años el que escribe impartía cátedra de teoría y práctica de
periodismo, UAT. Directivos de la Unión de Periodistas Democráticos nos
invitaron a formar parte del Jurado de los premios estatales UPD.
Esa noche, al cavilar sobre contenidos que calificamos, medité y lloré
como Pancho Villa lo hacía (obra de Martín Luis Guzmán) ante la actitud de
los hombres que lo traicionaban.
Algo andaba mal. No era el nivel de periodismo que impartíamos en las
aulas y que pensaba se hacía en territorio. Los noveles no estaban
respondiendo a la demanda informativa de la sociedad.
De un promedio de 400 publicaciones, un grueso se anotaron en
reportaje, crónica y entrevista, los géneros por excelencia.
Al instante nos dimos cuenta -los tres jurados- que la inmensa mayoría
de los autores no sabían ni el género que escribieron. Competían en
reportaje cuando se trataba de una larga columna editorial, o “telegramas”
de entrevista con abundantes gráficas. Otros en editorial, que en verdad era
nota informativa “volada”.
Organizaciones reporteriles (que son muchas) se comprometieron a
cooperar en salvar el bache que dolía en redacciones. Hasta ahí.
Hoy, en el Día del Periodista (4 de enero) y en ocasión del receso
editorial de fin de año, cuando los “ruidos mentales” se disipan, volví a las
andadas de autocrítica del medio, en el afán de superar calamidades.
El mal sigue peor, aunque no incurable. Creo que el destino nos alcanzó.
Las nuevas generaciones están por sepultar el periodismo profesional.
Una inmensa mayoría no escriben en la prensa “formal” o impresa. La
tecnología les permitió “independizarse” vía redes, sin mucha inversión ni
observar reglas de redacción, rigor científico o dominio de géneros.
Analicé algunos de los 175 portales y páginas de noticias que “por lo que
llegue a ofrecerse” tengo registradas en archivo. La conclusión es que en
los últimos años se perdió la esencia del periodismo en el eslabón reporteril
redacción, no de empresas editoras que publican virtualmente todo.

No se escriben géneros y la investigación es escasa. Las nuevas
generaciones no saben redactar reportajes, crónicas, semblanzas, notas
periodísticas ni noticias (pirámide invertida). Su tarea se circunscribe a
tomar video con celular y, así, sin editar ni hacer digeribles los contenidos,
suben fragmentos a redes o páginas web (social media journalism).
Con todo respeto, tengo (casi) la seguridad que muy pocos se devanan
el seso para elaborar un lead que atraiga lectores.
Recordarlo este cuatro de enero, duele.
Pretexto no es libertad de expresión o falta de acceso a fuentes
informativas, que es otra cosa. Si en una época hay facilidades para
conseguir datos en “greña”, es hoy, y en Tamaulipas tenemos un gobierno
que no persigue por divulgar noticias o disentir (como fue con MC y FJG).
Que este 4 de enero (o el 3 de mayo, ONU) sirva para reflexionar qué
tipo, de qué profundidad es el nivel de periodismo que hacemos en
Tamaulipas ¿es el que merecen los lectores?.
“Somos los más viejos”, me dijo un día Javier Terrazas en un breve
recuento de los quijotes que nos batíamos contra los molinos de viento.
Recibimos la estafeta y la entregamos a los nuevos con la bandera en
alto. No pasa con los que vienen atrás.
El cuadro se llena con colegas que dejaron de generar opiniones propias
para vaciar textos completos de Inteligencia Artificial. Aparte los sicarios de
redes que, sin ser creativos, toman municiones de la red.
No es mucha ciencia saber quién se “fusiló” opiniones. Lo dicen
monosílabos, enlaces, partículas como “no”, “no es”, “no solo”, “sino”.
Aplicaciones nos dicen qué por ciento de los contenidos provienen de IA.
Preguntamos a la misma IA ¿es el comienzo del fin del periodismo de
investigación?, a lo que responde:
“Lo que está en juego no es la existencia del periodismo, sino quién lo
hace bien y quién queda expuesto. La IA sí puede destruir al periodismo
superficial: Notas de relleno, boletines, investigaciones basadas solo en
Google, filtraciones sin verificación o declaraciones sin contexto”.
Y agrega: El verdadero peligro es para los periodistas que delegan
criterio, dejan de pensar, que copian lo que dice IA sin verificar. Ahí sí
muere el periodismo, pero por pereza intelectual, no por la tecnología.
La invitación a colegas es que, en lugar de sentirse ofendidos por
autocríticas como esta, hagamos juntos esa reflexión, poner a trabajar a las
organizaciones de periodistas en proyectos de superación profesional.
Lunes cinco de enero, la UAT reanuda actividades administrativas y
académicas luego del receso vacacional de fin de año. De inmediato abrirá
inscripciones y reinscripciones, que permanecerán vigentes hasta el 16. El
19 se reanudan clases periodo 2026-1.
Regresa igual el Gobierno. El Gobernador Américo Villarreal presidirá los
honores a los Símbolos Patrios en explanadas central de Palacio.