La candidata a ministra de la SCJN, Ana María Ibarra, es la primera aspirante en hacer públicas sus declaraciones y reafirma su compromiso con una justicia cercana.

Puebla, Pue.— Ayer, la candidata a ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Ana María Ibarra Olguín, sostuvo encuentros con estudiantes de la Escuela Libre de Derecho de Puebla y la Universidad Tec de Oriente, donde abordó de frente uno de los temas más sensibles para el sistema judicial: la transparencia.

“El primer paso para que la ciudadanía confíe en las y los nuevos jueces es que sean absolutamente transparentes”, expresó ante jóvenes que no dudaron en plantear preguntas incisivas. Ibarra respondió con apertura, reiterando que la falta de rendición de cuentas ha sido una de las causas principales del desencanto hacia el sistema judicial. “Nada debe estar por encima del escrutinio público cuando se trata de impartir justicia”, afirmó.

En un acto inédito entre aspirantes a la Corte, anunció la publicación de sus tres declaraciones: patrimonial, fiscal y de conflicto de interés, disponibles para consulta en su página www.anamariaibarra.com. “Quien sirve al pueblo debe ser transparente”, insistió, y añadió que en cuanto exista una plataforma oficial, también las hará públicas por esa vía.

Esta postura de apertura no es nueva para Ibarra. Durante una década fue Secretaria de Estudio y Cuenta en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, colaborando con el ministro Arturo Zaldívar. En ese tiempo, redactó proyectos de sentencia sobre derechos humanos, responsabilidad civil, libertad de expresión y el derecho al aborto, sentencias que marcaron precedentes en la vida jurídica del país.

Hoy, esa experiencia técnica se acompaña de un mensaje claro: el poder judicial debe transformarse de adentro hacia afuera, empezando por la honestidad de sus integrantes. “Mi compromiso es con la justicia social y con cerrar la brecha de desconfianza entre el pueblo y el poder judicial”, aseguró Ibarra, ante estudiantes que reconocieron su gesto como un ejemplo de ética y congruencia.

Con pasos firmes, Ana María Ibarra sigue demostrando que la experiencia no está peleada con la valentía. Y que la justicia del siglo XXI exige, además de capacidad, transparencia sin concesiones.