PODER POLÍTICO…

 

Por: Ciriaco Navarrete Rodríguez.-

La vileza sutil adorna la retórica política que sirve como poderosa herramienta usada por los poderes fácticos de la República para engañar ideológicamente al pueblo mexicano, lo cual, es una penosa realidad irrefutable que padecemos todos los habitantes de México.

Lo igualmente cierto, es que ese engaño está muy arraigado en la mente de propios y extraños, y hasta resulta muy difícil informar los saberes verdaderos a nuestros compatriotas, quienes en ocasiones reaccionan de maneras rabiosa al asumirse como ofendidos por el hecho de intentar conducirlos al universo de la verdad irrefutable.

El propio presidente de México Andrés Manuel López Obrador (AMLO), ya está resintiendo los embates de sus equivocadas percepciones y promesas económicas, lo cual, se puede comprobar en la merma de la aprobación gubernamental con la que contaba hasta el mes de marzo del presente año 2019.

Y es que ya no conserva el 90 por ciento de aprobación ciudadana respecto a sus improvisados pronósticos relacionados con el crecimiento económico nacional, pues al iniciar el mes de abril del presente año, esa aprobación disminuyó al 78 por ciento, lo que quiere decir que, de cada 100 mexicanos, solamente setenta y ocho aprueban ciegamente su prospectiva económica gubernamental.

Esa prospectiva gubernamental es utópica, porque está frenando el crecimiento de la riqueza nacional debido a la ausencia del régimen de la democracia, porque ese régimen de gobierno no está considerado en el modelo agrario Ejidal y Comunal, con base en el cual, fue redactada la Constitución de 1917, que está en pleno vigor.

Esa regresividad Constitucional es la herramienta gubernamental generadora de pobreza y por ese motivo, ningún proyecto gubernamental garantiza ninguna fortaleza económica y tampoco la financiera que el gobierno requiere para lograr el desarrollo integral de la nación.

Para lograrlo es necesario que exista un fuerte Estado de Derecho, que aseguré la gobernabilidad necesaria para que la industria y el comercio se desarrollen de manara sostenida y permanente, porque solamente de esa manera es posible pagar salarios dignos y dignificantes a las y los trabajadores profesionales, a los académicos, a los investigadores, así como a las y los obreros del país.

Insisto en que el referido adoctrinamiento es meramente utópico porque está centrado  en simples creencias e hipótesis que no garantizan la gobernabilidad indispensable para ejercer un gobierno certero y fuerte, que sea capaz de fortalecer el poder adquisitivo de los gobernantes y de los gobernados a efecto de poder contar con el poder adquisitivo y financiera, suficiente y con crecimiento sostenido, para financiar la subsistencia familiar, gubernamental y también la educación pública y privada, así como la investigación científica y tecnológica del país.

Esas explicaciones las he expuesto con mucha frecuencia en mis trabajos editoriales realizado desde hace más de medio siglo, pero en ese largo tiempo, se ha interpuesto otro medio siglo de adoctrinamiento y sometimiento gubernamental, por lo que francamente me siento como “profeta en el desierto”, y no quisiera que tales saberes verdaderos solamente sean reconocidos y puestos en práctica después de mi muerte, tal como ha sucedido en el pasado histórico de México.

Me apena mucho, el hecho de saber que muchos de mis colegas maestros y periodistas, y numerosos juristas, estén de acuerdo con mi tesis democrática, porque aunque me aseguran se aquiescencia, cuando los escucho platicar, siempre incurren en los mismos errores conceptuales, tal como sucede con el actual presidente López Obrador, con quien interactué en el año de 1993, en un Congreso de la SEDESOL federal, y aunque juró estar de acuerdo con mis planteamientos, jamás ha demostrado que ya remontó las utopías del marxismo leninismo.

Es igualmente cierto que, en enero anterior, se animó a asegurar que la Constitución de 1917, necesita ser relavada por una nueva, pero dos días después, dijo que de momento no es oportuno innovar esa legislación constitucional, y quiero pensar que pudieron más las enajenaciones utópicas propias y las de sus colaboradores cercanos, quela fuerza de la epistemología de la razón suficiente en beneficio del pueblo mexicano.

Esa realidad, es realmente muy preocupante, porque el hecho de que esté impedido el crecimiento de la riqueza significa que el valor de nuestra moneda seguirá sujeta a la volatilidad internacional, y a las devaluación constantes, que a decir verdad, mantienen a México en constante vulnerabilidad frente a las siete únicas democracias verdaderas del mundo.

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